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Los que viven del delito

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-Por el Dr. Gustavo A. Benalal

Si bien nunca me dedique, salvo algún caso esporádico y por compromiso – a la rama penal del Derecho, un artículo del Feldman sobre el ejercicio profesional que comparto me movió a escribir.-
Feldman dice que en uno de los libros más afamados de Elías Neumann – un maestro de abogados penalistas – «Los que Viven del Delito y los Otros»(Edit. Temis), se lee: «El delito y sus artífices, los delincuentes, han constituido, por gestión y sedimentación, una colosal industria de la que viven millones de hombres y mujeres de todo el mundo. Se vive «del», «por», «con», «en contra» y «a favor» del delito. Pero no sin él».-
Neumann describe lo que llama «industria de la delincuencia» permite que delincuentes, jueces, policías, abogados, fiscales, empleados, guardiacárceles, peritos, periodistas, editores de libros, etc vivan y trabajen en torno del fenómeno delictual.-
En las semblanzas de cada uno va desgranando las distintas características de estos «grupos» de trabajo en torno del delito: por supuesto, habla de los abogados, mal de los malos abogados, bien de los buenos.-
A riesgo de generar reprobación social, debo decir que el abogado es la figura infaltable en todo proceso y en todo el proceso que se desencadena producido el hecho presuntamente delictual.-
El Dr Feldman afirma que los abogados también vivimos de la producción del fenómeno social llamado “delito» y el rol que nos toca será de tal o cual manera dependiendo de cómo se lo ejerza.-
La profesión de abogado es tan honorable que permite que alguien honorable defienda a alguien que no es honorable.-
El abogado que defiende a un narcotraficante o a un funcionario corrupto puede ser tan honorable como aquel que defiende a un periodista injustamente querellado por decir la verdad o a un funcionario injustamente denunciado por enriquecimiento ilícito. No se puede estigmatizar ni condenar a alguien por hacer su trabajo siempre que la forma y la sustancia de ese trabajo sea legal.-
El trabajo del abogado penalista, es defender personas sospechadas de cometer delitos; muchas veces verdaderos delincuentes. Algunos abogados podrán vivir «del delito», pero esto no significa que hayan participado en cometerlo.-
El trabajo de un abogado en un Estado de Derecho es crucial, el secreto profesional también, si no, no existiría el derecho de defensa. Y si no se puede condenar a nadie por hacer bien su trabajo, tampoco se lo puede condenar por cobrar por ello.
El origen licito o ilícito de los fondos con que se pagan los honorarios del abogado no torna ilegitima o antiética la conducta de cobrar honorarios. El abogado no tiene obligación de la paga por hacer su trabajo; como no tiene obligación el diario o la agencia de publicidad de donde viene el dinero con el cual el cliente paga su cuota o servicios.-
Las posiciones que juzgan y condenan a los abogados por las conductas de sus clientes son hijas de la hipocresía y del autoritarismo.
Ahora los de baja estatura moral e intelectual cuestionan la onerosidad de los servicios abogadiles, con un discurso de moralina barata y sobre todo mucha hipocresía.- Son los que ponen precio al trabajo ajeno y que desconocen.-
La corrupción es mala para la sociedad, tanto como la estigmatización y el prejuicio. Se ha generalizado una suerte de estereotipo del abogado. Y existe una tendencia a emparentarnos con diversas especies del reino animal: «cuervos», «lechuzas», «aves negras» o «águilas».
Dichos y bromas apartes, debe tenerse en cuenta que en una república el imputado de un delito tiene derecho a «poner a prueba el sistema» y que el ejercicio de la acción penal, es decir, la facultad estatal de perseguir y castigar, no puede hacerse a como dé lugar sino que deben hacerse conforme las pautas constitucionales y legales vigentes.-
El abogado sirve para eso, para garantizar un debido proceso; al decir de Elías Neumann «es como los faros de un automóvil, alumbran la ruta pero no lo manejan».-

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