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Los Redondos, la banda de rock argentino que hizo de la música una revolución

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Se cumplen 20 años del último concierto de la banda liderada por el enigmático cantante ‘Indio’ Solari y el inventivo guitarrista ‘Skay’ Beilinson. La densidad de sus letras, su autogestión independiente y la rebelión ante la pose mediática y política durante las décadas de los 80 y 90 los llevaron a una masividad incomparable que perdura. En esta columna, el periodista Francisco Lucotti, corresponsal de Sputnik en Argentina, resume la trayectoria de la mítica banda.

Más conocidos como Los Redondos, se despidieron de los escenarios el 4 de agosto de 2001, después de 24 años de una prolífica carrera de estética hipnótica, vanguardia contracultural y una popularidad extraordinaria que creció ajena a la lógica de mercado de la industria discográfica. Pero mito y culto no se entienden sin sus feligreses y fanáticos: no hay redondos sin ricoteros.
«Aun cuando estamos hablando de un grupo que pareciera bastante enrevesado o difícil de comprender, trascendieron su condición de artefacto musical para convertirse en un fenómeno sociocultural inmenso», dijo a Sputnik el periodista Pablo Perantuono, coautor junto a Mariano del Mazo de la biografía Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: Fuimos reyes, libro publicado en 2015.
Pocos meses más tarde de aquel último recital, Los Redondos anunciaron su ruptura definitiva, en un contexto de estigmatización mediática y condena social por consecutivos sucesos de violencia y muertes que se vivieron dentro y fuera de los estadios donde tocaron sus últimos shows, sumado principalmente a una pelea irreversible entre sus líderes.
Eran épocas difíciles en Argentina. El año 2001 terminaría con masivas movilizaciones y huelgas y la renuncia del presidente Fernando de la Rúa en un clima de violencia en las calles.
El punto final de la sociedad más monumental en la historia musical argentina, entre el misterioso cantante y letrista Solari y el excepcional guitarrista y compositor Eduardo ‘Skay’ Beilinson, significó el pasaje de lo masivo a lo legendario.

DE BANDA DE CULTO A CULTO DE MASAS
Integrada con artistas y artesanos de la ciudad de La Plata, la banda se formó en 1976, año en que comenzó la última dictadura cívico-militar en Argentina, que duró hasta el inicio del Gobierno constitucional de Ricardo Alfonsín (1983-1989).
Las primeras presentaciones ocurrieron en el circuito underground, con shows en pequeños bares y teatros que incluían bailarines, magos y malabaristas, más cercanos a la performance teatral y circense que a un típico espectáculo de rock.
A partir del regreso de la Democracia y la reapertura de la cultura que significó, Los Redondos comenzaron a ser reconocidos por su independencia y autogestión. En esto fue esencial la figura de su mánager, Carmen Castro, conocida como ‘La Negra Poli’, pareja de Beilinson.

LA ‘MISA RICOTERA’, PASIÓN Y DESCONTROL
La marca que dejan Los Redondos durante los años 90 va más allá de lo artístico, y su impronta y legado no se puede abarcar sin comprender el fanatismo. Comienza a alcanzar un imaginario de culto religioso, con el término «misa ricotera» para definir a la congregación de sus seguidores en cualquier lugar del país donde la banda fuera a tocar, además de incorporar todos los condimentos de la euforia propia de la pasión por el fútbol que se vive en Argentina.
El fenómeno creció sin el fogoneo de los propios músicos ni de campañas de marketing mediáticas. Podría decirse que el ostracismo y aura de misterio en el que se refugió Solari durante tantos años generó aún más reverencia y alimentó el mito sin su expresa voluntad.
«Cuando ya eran claramente la banda de sonido de toda esa audiencia a los que el Indio decía que eran de barrios desangelados, empiezan a no poder tocar en la capital, entonces los fanáticos tenían que atravesar una suerte de vía crucis para llegar, con conciertos a la intemperie, que alcanzaron incluso ribetes bíblicos», narró el cronista.

POPULARIDAD Y VIOLENCIA
En 1991, acontece la primera tragedia cuando el joven Walter Bulacio fue asesinado por la Policía luego de una redada en las afueras de un concierto.
En 1994, durante un show en el estadio del club de fútbol porteño Huracán, se producen incidentes que dejan 28 heridos y 60 detenidos.
Durante la segunda mitad de la década, comienzan a tocar más en ciudades de las provincias del interior, conciertos que comienzan a superar los 20.000 asistentes y saturan la capacidad hospitalaria de la zona.
En 1998, durante un recital en Córdoba, hubo una estampida que provocó 30 heridos, además de la muerte de Javier Lencina, de 22 años que perdió la vida al caer de un tren cuando se transportaba al lugar. «No hacen otra cosa que acelerar el fin de la banda», dijo Solari entonces al enterarse.
Otro episodio de violencia se produjo en 1999, en la ciudad balnearia de Mar del Plata, en la costa de la provincia de Buenos Aires, con el enfrentamiento entre fanáticos y la policía en una plaza, que terminó con 500 detenidos, 100 heridos y destrucción de autos y comercios.
El último show de Solari
En el último show de Solari como solista junto a su banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en marzo de 2017 en la ciudad de Olavarría —en el centro de la provincia de Buenos Aires y a 350 km de la capital nacional— se calcula que hubo entre 350.000 y 500.000 espectadores, con y sin entrada.
«Se dan varias paradojas. La música paró pero el mito creció. Los conciertos del Indio no dejan de ser misas ricoteras. El Indio, que es quien conservó el fervor masivo, se identifica por primera vez con un espacio político, el kirchnerismo. Eso funciona como un espacio de mayor identificación de la gente porque muchas de sus huestes abrevan en esos espacios populares», resaltó Perantuono.

Fuente: (InfoGEI)Jd

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