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Martín, un Santo sanador

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-Una fecha para recordarlo por sus virtudes

Ayer 3 de noviembre, celebramos a un santo muy querido por los peruanos, nuestro santo limeño, San Martín de Porres. Muchas familias peruanas han experimentado de cerca la presencia de Fray Martín en sus vidas, ya sea por alguna petición cumplida, un milagro o algún prodigio inexplicable.

Conocido por su infinita humildad y bondad podemos describir a Martín como el santo del servicio. Su misión en la Tierra fue servir con profunda sencillez. Dios le dio el don de curar y ofreció este don a Dios y a los más necesitados. En tiempos de Martín, allá por los años 1500, Lima tenía muchas enfermedades que la afligían. Éstas se clasificaban en «dolores», «males» y «pestes». Martín trataba con esmero y servía a los dolientes a todas horas, día y noche, que hasta los mismos enfermos se admiraban y nadie sabía cuándo dormía. Y todo lo hacía por amor a Dios y a su madre Santísima. Se sabe que fue «devotísimo» de la Virgen María y del Santo Rosario. Siempre cargaba uno en el cuello.
-Varios de los frailes que convivieron con él, testimoniaron que no comía carne, lo que comía, se reducía a caldos de verduras y algunas legumbres. La mitad de su plato se lo daba a los pobres. Fray Martín fue frugal, abstinente y vegetariano. Lo dicho sobre su alimentación concuerda con la descripción que hacen de él varios testigos: Enjuto y ausente de grasa. Magro más no endeble. Por el contrario, pese a que comía poco, era fuerte, resistente y tenaz.
-Fue pobre, obediente y casto. Su única propiedad era su hábito de monje, que además estaba viejo, pero Martín lo llevaba como si se tratase de las mayores galas. Era un fraile sonriente, consta que su semblante fue muy alegre y risueño.

FRASES que nos dejó Fray MARTÍN:

-«Donde hay fe, hay amor. Donde hay amor, hay paz. Donde hay paz, está Dios. Y donde está Dios, no falta nada»

-«No busques ser grande o importante a los ojos de los hombres, sino a los ojos de Dios».

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