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Mujeres y trabajo

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9 de marzo Paro internacional de mujeres: “Trabajadoras somos todas”
-Por Ana Amado

El 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras no fue un día de celebración y festejo ni para dedicar un único y caballeroso, feliz día; es por ello que hoy 9 de marzo vivimos un nuevo paro internacional de mujeres.
Si usted quiere seguir diciendo “feliz día”, hágalo, pero tiene que saber que de esa forma está fortaleciendo la enorme cadena de violencias sutiles, pero simbólicamente poderosas hacia nosotras las mujeres, porque una insoportable vez más, está vaciando de sentido la memoria de un grito colectivo que continúa y continuará más vivo que nunca, mientras el derecho de toda mujer no sea respetado. Sí, aunque a usted le pese, muchas de nosotras no ejercemos derechos y siempre gritaremos en honor a esas que dejaron su vida por no dejarse callar y oprimir.
Así que no se sorprenda si se liga un llamadito de atención, como mínimo, de quienes trabajamos, pensamos y vamos despertando; y denunciando las injusticias de este mundo profundamente machista, racista, competitivo, hipócrita y destructivo. Sí, aunque usted piense que por cumplir la ley (la que conoce), tener un empleo y una vez al año rendir homenaje a SU esposa, a SU compañera de trabajo, a SU hija, a SU hermana y a SU madre ya puede dormir y vivir en paz.
¿Hubo que instituir un día para homenajear a la mujer trabajadora? ¿Por qué? ¿Había mujeres no trabajadoras? Capaz habría que empezar a preguntarse ¿Desde cuándo en el mundo se conmemora esta fecha y por qué?
La fecha nace de la organización y de la lucha de mujeres trabajadoras que se enfrentaron a múltiples opresiones provenientes del hecho de ser mujeres, para aquella época (y hoy, aunque usted no lo crea, para algunas personas, seguirá siendo así), con un status civil, político, económico y social manejado por los hombres, y negado por la cultura patriarcal funcional al modo de producción económica capitalista.
La historia de esta conmemoración como todo acto de memoria, encierra intereses ideológicos en pugna. Si usted no lo sabía, mujeres socialistas de EEUU ya conmemoraban un “women´s day” desde 1909 pero el carácter internacional de la fecha, fue propuesto por una mujer alemana, Clara Zetkin, en el marco de la II Conferencia Internacional de mujeres socialistas entre el 26 y el 27 de agosto de 1910, quienes no se juntaban a tomar el té ni a conversar sobre cómo lucir, criar a los hijos o mantener la limpieza de la casa, sino que se reunían para pensar, ponerse de acuerdo y organizarse para la lucha por el derecho al sufragio, a la igualdad de oportunidades para ejercer cargos públicos, al derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. El día quedó establecido como Día Internacional de la mujer trabajadora. Y al año siguiente, el 19 de marzo de 1911 fue conmemorado por primera vez en Dinamarca, Suiza, Alemania y Austria. En ese mismo año, días después ocurrió un incendio en una fábrica de camisas de Nueva York en el cual murieron 146 personas, la mayoría mujeres inmigrantes, dejando ver las inseguras condiciones en las que trabajan las mujeres. Ese acontecimiento reavivó la lucha y la organización de muchas trabajadoras en el mundo. Al punto de que en el contexto de la Primera Guerra Mundial, fueron las mujeres quienes asumieron por fuerza mayor, por necesidad y sobre todo porque eran capaces de realizarlas, todas esas tareas vedadas para ellas hasta ese momento por gran parte de la sociedad, mientras los hombres peleaban en el campo de batalla. Un 8 de marzo de 1914 las mujeres europeas se unieron en un grito único de oposición a la guerra, marcando antecedente a lo que iba a ser una fecha dedicada a la mujer luchadora.
Fue a partir de los acontecimientos de la revolución rusa, en los cuales las mujeres encabezaron las protestas que condujeron a la caída del régimen zarista, que por primera vez se establece el 8 de marzo como día internacional de la mujer, fecha que en Rusia denominaron día internacional de la mujer comunista.
Tiempo después en 1977, la Asamblea General de las Naciones Unidas, insta a los estados a conmemorar el 8 de marzo como el Día de las Naciones Unidas para los derechos de la Mujer y la Paz Internacional.
No es inocente ese cambio de nombre, camuflado tras una iniciativa sospechosamente pacificadora en tiempos de liberación sexual, feminismo de 2da ola e ingreso masivo de mujeres al mundo laboral. ¿Qué pasaba si las ideas revolucionarias de las mujeres que inicialmente propusieron esta conmemoración internacional quedaban en manos de nosotras?
Las mujeres nunca dejamos de trabajar a pesar de haber ingresado “tarde” al mercado laboral. Y ahí está el punto de por qué restituir el sentido originario de la fecha. Las mujeres además de trabajar en la esfera pública, lo hacemos en la invisibilizada esfera doméstica y de cuidados, bajo el denominado trabajo no pago, que ya sabemos de los peligros que supone si lo confundimos con amor. Trabajo doméstico infinito y fundamental para el sostenimiento social y económico, pero que queda perversamente romantizado e infravalorado por ser un trabajo femenino y por no estar monetizado. Y ganamos menos que los hombres y nos cuesta mucho más que a ellos ocupar y sostener cargos jerárquicos en los trabajos formales, o ascender profesionalmente y priorizar sin culpas la carrera personal antes que la familiar.
La cantidad de trabajo que realizamos las mujeres, cargados de símbolos que hacen a “lo femenino” y que ni siquiera consideramos como tal son tantos, como el nivel de desconexión y desconocimiento que nosotras tenemos de nuestros cuerpos, nuestros ciclos vitales, de nuestra sexualidad.
A nuestro cuerpo la cultura patriarcal nos enseña a pensarlo desde pequeñas y pequeños como el depositario natural e indiscutible de la VIDA DE OTRXS.
Cuerpo que el sistema capitalista moldea en tiempos, ritmos y formas específicas para perpetuar roles sociales funcionales a la estructura desigual y a las discriminaciones entre los seres humanos.
Cuerpo que dejamos en manos de un supuesto saber medico cuando gestamos y parimos. Cuerpo que, si se mueve, si se siente incómodo y se expresa, por fuera de lo socialmente esperado es instantáneamente estigmatizado.
Y mientras avanzamos con la ampliación de nuestros derechos, aparecen nuevas reacciones a toda demanda que implique la decisión de nosotras mismas sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra salud reproductiva y no reproductiva. Sin contar los acosos, abusos, violaciones y femicidios que sufrimos las mujeres en todo el mundo y a toda hora. En Argentina se comete un femicidio cada 23 horas. En Argentina, las mujeres y niñas pobres estamos condenadas a morir en abortos clandestinos o a ejercer una maternidad forzada. En Argentina, a pesar de tener una ley de educación sexual integral hace 14 años, no es implementada seriamente en todo el territorio nacional, porque el principal escollo es la falta de presupuesto para capacitaciones, la intromisión de la educación religiosa en decisiones sobre asuntos estatales y en la falta de criticidad en gran parte del mundo adulto.
Es por todo esto que el 8 de marzo no debería decirse “feliz día” así como así. Hoy en el marco de un nuevo paro internacional, bien vale detenerse y pensar si detrás de esas comodidades que disfrutamos día a día, hay mujeres trabajando gratuitamente para sostenerlas y si ese trabajo es proporcional a la dignidad, a la libertad, a los derechos y a los espacios propios que todo ser humano necesita para desenvolverse en plenitud.
Detengámonos y pensemos si las mujeres trabajadoras estamos siendo respetadas en nuestros trabajos, por nuestros empleadores y por nuestras familias. Informémonos y exijamos reglamentaciones, protocolos de implementación y efectivización de leyes que ya existen para eliminar la desigualdad estructural que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo.

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