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Opinión

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El Lobo se comió al Bicho
-Por Marcelo Elías

El oportunismo desgraciado del gobierno, la improvisación, una marca registrada en casi todas las áreas y la incapacidad demostrada para organizar y administrar eventos sociales, Cuarentena “exitosa”, toma de tierras, piquete policial, cierres de fronteras provinciales, manejo del dólar, entre tantas, hicieron del funeral de Maradona un espectáculo bochornoso.
A esto sumaron la ruindad de culpar al gobierno de la ciudad por el operativo y la perversidad de culpar a la familia por el velatorio. Las acusaciones no fueron en off de récord, las verbalizaron el Presidente, el Ministro del interior y la Ministra de inseguridad.
En ese caos quedo a la vista la debilidad, la falta de manejo y control del Presidente. Surge, también, dejando aclarado las grandes diferencias de trayectorias y formación, la asociación natural entre Alberto y Fernando. En contraste ostensible los movimientos de la Vice Presidenta mostraron fortaleza, manejo y control y hasta cierto desprecio hacia su presidente.
Cristina llegó a la Casa Rosada y se dirigió directamente al despacho de su Ministro del Interior, desde allí se dirigió a la capilla ardiente para saludar a la familia de Maradona.
No sabemos si por razones de seguridad o simplemente de comodidad ordenó cerrar la puerta de acceso. Esto disparó los hechos de violencia en la entrada de Balcarce, obligó a retirar el féretro de Diego y suspender el funeral.
Al mismo tiempo los barras de Gimnasia y otras pertenencias copaban el Patio de las Palmeras. Mientras la Casa Rosada se convertía en un infierno Cristina volvía al despacho de su Ministro.
Caminando un poco por nuestra historia reciente podemos comparar: Cristina parecía Perón, Alberto Cámpora, todo un contrasentido siendo que el hijo de Cristina lidera La Cámpora.
En fin. A Maradona no se lo puede nombrar sin pensar en la magia del fútbol, en sus gambetas y sus corridas con la pelota, en las genialidades como jugador icónico. Su último juego provoco un desbarajuste en la rosada, viendo a Cristina y Alberto en esa cancha imaginaria podemos decir que el Lobo se comió al bicho.

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