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Opinión Biden abre expectativas

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La columna de Marcelo Elías para INFONOROESTE

El maridaje entre la democracia representativa y el capitalismo fue,
durante décadas, la fórmula para el desarrollo de los estados de bienestar. Esto llevo a Fukuyama a pensar en el fin de las ideologías, a partir de la caída del muro de Berlin, el fin de la historia.
Lo cierto que en las últimas décadas del Siglo XX y lo que llevamos del XXI fueron escenarios de transformaciones extraordinarias que, tuvieron al capitalismo como instrumento de cambios tecnológicos que permitieron que en los últimos 20 años 2000 millones de seres humanos hayan salido del hambre.
Sin embargo, para ello el capitalismo también se asoció con autocracias autoritarias en donde están ausentes la libertad y los derechos humanos no son respetados.
Hablamos de democracias plesbicitarias de derechos restrictivos y normas electorales opacas.
En este tránsito el maridaje entre democracia republicana y capitalismo ha debido convivir con dos tendencias que acentúan las desigualdades, la predominancia del perfil financiero del sistema de flujos globales y como consecuencia directa la erosión de la credibilidad en las instituciones de la democracia representativa.
Las desigualdades se han dado intra sociedades y entre países y regiones.
En paralelo la democracia representativa fue perdiendo, valga la redundancia, capacidad de representación.
Hoy, vemos democracias traumatizadas, conflictuadas, empezando por la considerada número uno, EEUU y regímenes autoritarios creciendo con modelos económicos capitalistas.
China, Rusia, Vietnan, han crecido con inclusión en las últimas décadas, al mismo tiempo en nuestra región, regímenes autoritarios como Cuba y Venezuela giran hacia la dolarización de sus economías.
Las democracias ya imperfectas en lo institucional y en lo social están desafiadas a reinventarse, la duda es si el desafío es individual o colectivo, si basta con los estados nación o hay que recrear un sistema internacional que dé marco al proceso.
Es posible modificar organismos multilaterales existentes y crear nuevos que den un marco a nuevos procesos no solo de inclusión, sino de igualdad.
Soy optimista; creo que la humanidad debe y puede dar respuestas a los nuevos desafíos que se nos plantean, el cambio climático, la situación pandémica, que puede mutar en endémica, el narcotráfico, los avances disruptivos de la ciencia y la tecnología con sus impactos en los procesos productivos, la distribución de riqueza y el consumo.
Pueden y deben nacer sistemas globales de salud, educación y seguridad, pueden generarse nuevos mecanismos institucionales que adapten el juego de los poderes republicanos a los tiempos que vivimos.
La llegada del presidente Biden abre expectativas, el regreso de EEUU a organizaciones internacionales como la OMS, El Acuerdo de Paris, la voluntad de retomar el Pacto Nuclear con Irán, la ampliación de los tratados sobre armamentos con Rusia y en nuestra región la posición frente a Venezuela, son señales alentadoras.

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