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¡Para no repetir errores!

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-Por el Dr. Gustavo A. Benalal

El 24 de marzo fue la fecha fundacional de la dictadura más sangrienta que conocimos los argentinos; el día que políticos, militares, eclesiásticos, empresarios, sindicalistas, diplomáticos expresaron su adhesión a un régimen que pretendió liderar a los argentinos y celebraba su victoria ante la subversión y se instauraba un orden político y económico que dejaba atrás el desgobierno y la corrupción.
La sociedad ingenuamente creyó que los militares habían derrotado a todos nuestros males del pasado.- Creían que el 24 de marzo se incorporaba a las fechas patrias como el 25 de mayo o el 9 de julio, craso error, ese día paso al conocimiento nacional como el de la cobardía y el crimen.
Los medios de prensa que habían acompañado el golpe fueron abandonando a los militares a medida que se fueron conociendo sus crímenes y desapariciones.
La guerra contra la subversión pasó a ser la «guerra sucia».
El 24 de marzo dejo de ser el recuerdo de la victoria contra la subversión para pasar a ser la fecha que se recordaba la memoria y la honra de las víctimas, la fecha de demanda de verdad y justicia.- Pero lo faccioso de nuestra sociedad volvió a vencer y con el tiempo dejo de ser una fecha para todos y se empezó a exaltar – fogoneado desde el Kirchnerismo – el «no nos han vencido» de los asesinos guerrilleros que también luchaban contra la ley, contra la Constitución y las autoridades peronistas legítimamente elegidas.
Pese a que ciertos sectores han querido apropiarse de la fecha, el recuerdo debe ser sin banderías políticas, sin consignas partidarias.-
La sociedad toda debe impedir el desplazamiento evocativo de los crímenes y victimas por las loas a batallas y a la militancia.
Vemos en las consignas a través del tiempo que se sigue confundiendo el enemigo – no son Menen, Cavallo o Macri – eso es ideologismo barato, es confundir a la sociedad; los enemigos son los militares asesinos desaparecedores.
Si continua la evocación de las luchas del 70 en fechas equivocadas, el «no nos han vencido» en el futuro será reivindicado por los mismísimos militares.
Si por una vez quisiéramos hacer algo inteligente y productivo para toda la Sociedad, debemos volver al entendimiento de los argentinos para lo cual el camino es el Raúl Alfonsín del 10 de diciembre de 1983 en que todo antagonismo quedaba relegado y la única voz que se escuchaba era el recitado del Preámbulo de nuestra Constitución Nacional, poniendo fin a la discordia entre los argentinos.

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