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Parroquia San Martín de Porres

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“Nuestro encuentro con la palabra de Dios”
-Mensaje semanal a cargo del Padre Gustavo Sosa

Con la celebración de este domingo nos introducimos en el tiempo del Adviento, y con él, comienza la temporada navideña. Desde hace varias semanas los centros comerciales decoraron sus instalaciones con los símbolos propios de esta época. Tienen la esperanza de recuperarse parcialmente de las enormes pérdidas que han tenido este año por la parálisis de la economía.
Sin duda, la Navidad de este año será diferente por razones obvias. La trasmisión del Coronavirus alcanza cifras alarmantes y la única forma de protegernos es manejando con gran cuidado las relaciones sociales. Por eso la Navidad tendrá que celebrarse en la intimidad del núcleo familiar. Sería lamentable que, por el comportamiento descuidado e irresponsable, esta fiesta de la vida y de la familia, se convirtiera en escenario de enfermedad y muerte.
¡Todo depende de nosotros! Aunque nos sentimos cansados y aburridos por tantos meses de aislamiento, no podemos bajar la guardia.
Quiero invitarlos a vivir esta Navidad de una manera más íntima y austera. Démosle una impronta de solidaridad. Para muchos hermanos nuestros, esta Navidad será muy triste porque perdieron a alguno de sus seres queridos y no pudieron elaborar adecuadamente el duelo por todas las restricciones que hay; otros se quedaron sin empleo y están viviendo en unas condiciones muy precarias. Pensemos en ellos. Compartamos.
El Evangelio de Marcos que leímos este domingo, da el tono apropiado de este tiempo: “Cuidado, permanezcan despiertos, porque no saben cuándo será el momento”. El Adviento es tiempo de espera. Nos preparamos para celebrar un acontecimiento que cambió la historia espiritual de la humanidad. El Hijo Eterno del Padre asumió nuestra condición humana. Dejémonos sorprender por esta iniciativa del gran amor de Dios, que viene a nuestro encuentro. En Jesucristo se supera el abismo infinito que separa al Creador de las criaturas. Por eso la liturgia nos invita a prepararnos y permanecer vigilantes. Dispongamos nuestro interior para recibir con amor este regalo que cambió nuestra suerte.
Conviene recordar que no es Dios el responsable de que nos desviemos del camino y que tengamos duro el corazón; la responsabilidad recae en la libertad humana, somos nosotros los que decidimos dar la espalda a Dios para dedicarnos a nuestros pequeños intereses egoístas, somos nosotros los responsables de endurecer el corazón por la ambición de dinero y de poder.
En esta Navidad detengámonos a contemplar el pesebre. ¿Qué valores inspira la Sagrada Familia? ¿Qué nos dice ese Niño indefenso, que es el Hijo Eterno del Padre que se ha encarnado por amor a nosotros? ¿Qué estilo de vida nos plantea este paisaje simple de pastores y ovejas en miniatura? Bajemos el tono consumista y dejémonos transformar por ese mensaje de amor, solidaridad y sencillez que resuena en Belén. ¡Ven, Señor, y no tardes tanto…!

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