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Parroquia San Martín de Porres

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios

Camino a la Navidad… miremos a José…
-Por Pbro. Gustavo E. Sosa

Quiero contarles algo, que creo, he recibido como un regalo enorme de Dios. Este año, antes de Navidad, me había propuesto escribir algunas cosas sobre la figura de San José, esposo de la Virgen María, ya que su presencia silenciosa es alentadora de muchas actitudes que como Iglesia hemos debido vivir en medio de esta pandemia. Somos gente que anunciamos y proclamamos una Buena Noticia, y este tiempo, el Covid nos obligó a guardar silencio, a quedarse en casa, y a trabajar de otra manera. El desafío de la persona de San José, fue para mí, durante este año, una fuente de inspiración para seguir, así como su intercesión, me ayudó a perseverar en los desafíos múltiples que Dios nos ha puesto. Y en medio de estos escritos, la sorpresa de que el Papa Francisco ha decretado un año dedicado a San José, que comenzó la semana pasada. Un hermoso documento, que apenas he ojeado, ha brotado de la experiencia espiritual y pastoral del Santo Padre. Por eso, estas reflexiones que les voy a compartir durante dos domingos, sobre San José, no tienen en cuenta las reflexiones del Papa, y espero que no sean contradictorias con su contenido. Aclarado esto, pasemos a la reflexión…
Quiero situarme en un momento importante: cuando María y José llevan al Niño Jesús a presentarlo en el templo, cumpliendo con la ley del pueblo de Israel, se encontraron en ese lugar con un anciano, llamado Simeón, quien apenas vio al Niño, profetizó que Jesús había sido enviado al mundo como signo de contradicción. Alrededor del Niño, que nace en un pesebre, se divide el mundo: unos lo buscan para adorarlo; otros, para matarlo. Jesús es la “luz que brilla en las tinieblas”. A unos esa luz les trae gozo; a otros, los lleva a descubrir sus injusticias y a señalarles lo manchado de sus túnicas. Nace el inocente Niño en un pesebre, y divide la historia del mundo: antes de Cristo y después de Cristo; con Jesús o contra Él. En cualquiera de esos bandos nos encontramos. Y es importante la manera cómo nos situamos en cualquiera de esas dos mitades del mundo. Es llamativo ver cómo se situó José en ese mundo que se agitaba alrededor del Niño.
Siempre me ha causado extrañeza de que a José, el esposo de la Virgen María, continuamente lo encontramos durmiendo, según nos cuenta el Evangelio. Hay cuatro pasajes en San Mateo en los cuales José se despierta después de recibir alguna orden durante el sueño. Quizás en el sueño encontraba refugio por los tantos problemas que tenía. Siempre está en apuros: su novia aparece embarazada, y él no sabe explicárselo. Más tarde, no encuentra lugar para que nazca su Niño. Al poco tiempo, tiene que huir apresuradamente hacia un país extranjero porque quieren matar al niño.
El gran mérito de José es que se deja despertar. No se empeña en seguir durmiendo, en desentenderse de los problemas. Apenas sabe que Dios quiere algo, al instante, tiene la actitud de obedecer.
Se repite en el Evangelio de Mateo como un estribillo sobre lo que José hizo: “se despertó, tomó al Niño y a su Madre y…”. José es un hombre con problemas, pero también con las agallas y la valentía para enfrentarlos con decisión. No se escapó de la responsabilidad que le tocaba. Y todo por amor a María y a ese Niño que en su vientre estaba creciendo, el Redentor de los hombres.
Queridos amigos: muchas cosas pretenden adormecernos. La mentalidad que nos rodea; las voces del mundo; las modas; las costumbres; las monótonas músicas de los negocios en estas fiestas de Navidad. Hasta una religión mal encausada, que se queda en la comodidad. Todo nos lleva a que no enfrentemos nuestras realidades, con nuestro compromiso, con nuestro deber: miren si esto será así, que nos quieren reemplazar el pesebre por un “viejo gordo vestido de Coca-Cola”…
Dios, por medio del Espíritu Santo, continuamente busca despertarnos, tenernos vigilantes. No es fácil mantenernos alertas. Es más fácil cerrar los ojos y ponerse a soñar. Es duro poner en práctica las órdenes y mandatos que Dios nos envía. A José constantemente Dios lo está despertando. Le está dando órdenes: “Toma a María”, “Huye con el Niño”, “Regresa”, “Cambia de ruta”.
El hombre verdaderamente espiritual es el que se deja despertar. El que no se empeña en continuar con los ojos cerrados. El que se apresta, como José, a poner en práctica lo que Dios le ha señalado.
Sobre todo en estos tiempos, que corremos la maratón de fin de año, como si se acabara el mundo y las cosas por comprar, debemos tener una actitud de escucha atenta para no confudirnos, para no equivocarnos. Muchas voces quieren meterse en nuestra vida. Lo importante es saber distinguir, entre todas, la de Dios para obedecer al instante.
Dijo Jesús: “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11,28). La felicidad de José, a pesar de sus múltiples problemas familiares, está en que siempre se muestra dispuesto a poner en práctica lo que Dios le manda.
Me atrevo a decir que José debe ser puesto de nuevo en el centro de nuestras reflexiones en torno a la Navidad, para que no nos dejemos atrapar por la seductora voz de tantas ofertas, que nos alejan de la única oferta válida que existe en nuestra vida: la donación de un Niño Dios que viene a compartir nuestra vida.

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