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PARROQUIA SAN MARTÍN DE PORRES

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…
-Mensaje del Párroco Gustavo Sosa

Camino a la Navidad… miremos a José… (2º parte)

La semana pasada compartía con ustedes, queridos lectores, la figura de San José, el esposo de la Virgen María, quien a pesar del silencio que muestra en la Sagrada Escritura, es un modelo por sus acciones obedientes y coherentes con lo que Dios le pedía. Es asombroso descubrir que siempre en la comunicación de Dios con José, se usan verbos en imperativo y dominan toda la escena: “Toma a María”, “Huye”, “Regresa”, “Cambia de ruta”.
De manera insistente y hasta con monotonía, se repite que José se despertó, tomó al Niño y a su Madre y… puso manos a la obra. No pregunta, no cuestiona, simplemente obedece.
Se le ordena llevarse a su casa a su novia que está embarazada. Se le dice que todo fue por obra del Espíritu Santo. José obedece. Se le pide cambiar todos los planes de su vida. Se le presenta un proyecto misterioso de Dios para su futuro. José actúa al momento.
-Se le ordena huir a Egipto. No se le explica por cuánto tiempo. José se levanta y se va al exilio. Cuando recibe la orden de regresar lo hace por el camino conocido. De pronto una nueva orden: Debe cambiar de ruta. Y allí está José que nunca habla, pero que siempre está dispuesto a cumplir la voluntad de Dios.
Pero Dios, constantemente lo alentará con una expresión muy fuerte: “no temas”. No tengas miedo.
Es el aliento de Dios para sus servidores fieles. No quiere que en ningún momento se dejen invadir por el miedo, por la confusión.
“No temas” son las primeras palabras que Dios le dirige, en sueños a José. Su vida será muy accidentada. De antemano se le ordena no dejarse invadir por el miedo. Se le cura contra el temor.
José no sabe qué hacer ante su novia embarazada. José sufre porque para otros sí hay lugar en la posada y para ellos no. José se preocupa por tener que huir apresuradamente hacia el extranjero. José se aflige porque debe regresar por una ruta desconocida. Todo esto es muy humano, muy común, pero en ningún momento José está TEMIENDO. Debe confiar, esperar, escuchar la Palabra y dirigirse hacia adelante con toda audacia.
“José toma a María”; “José huye a Egipto”; “José regresa”; “José cambia de ruta”. Lo tienen de un lado a otro. No le permiten establecerse. El escucha, actúa y no teme. La vida del cristiano es eso: Tomar, huir, regresar, cambiar.
-El cristiano auténtico continuamente está escuchando las propuestas y mandatos de Dios…
-“Habla, Señor, que tu siervo escucha”. ¿Qué quieres que haga?. El cristiano prudente, con frecuencia, tiene que huir; no es cobardía. Sabe que la más auténtica valentía, muchas veces, es la huida. Huye de ciertos ambientes, huye de la tentación que le hace señales. Huye de muchas cosas. Es un consagrado a Dios, que vive en el mundo, pero no es del mundo. Construye un mundo mejor, no dejándose manchar, sino limpiando la realidad: Brilla en medio de las tinieblas, como la estrella de Belén…
-El cristiano maduro no tiene reparo en “regresar”: No se trata de una derrota sino de estar en el lugar que Dios quiere para él. El hijo pródigo creyó que en la casa ajena podría estar mejor. Dios le demostró que debía regresar a la Casa de su Padre. Muchas veces nos toca regresar. Creíamos que allá era el lugar adecuado. El Espíritu Santo nos señala que debemos regresar. Cuesta, pero es el lugar en donde Dios nos quiere.
-Cambiar de ruta es molesto. Es mejor ir por lo que ya conocemos. Pero el cristiano sabe que toda su vida es una conversión; no podemos permanecer en el mismo lugar. Quedarse allí es retroceder. Le toca avanzar. No se trata de ser veletas. Se trata de dejar a un lado lo malo y conquistar lo bueno.

José, en su trajinada vida de ir y volver y cambiar, es un hombre que no teme; es bienaventurado porque en todo momento y en toda circunstancia está poniendo en práctica la Palabra de Dios. Ese es el camino de la serenidad y de la paz que no se vende en los mercados del mundo. Se nos regala, cuando escuchamos la Palabra de Dios y la ponemos en práctica (Lc 11,28).
Queridos amigos, que en esta Navidad, Dios nos regale la capacidad de escuchar con atención su voz, que nos pide mirar al Niño de Belén para construir un mundo donde sea posible encontrarnos todos como hermanos.

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