Press "Enter" to skip to content

Parroquia San Martín de Porres

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Caminos de Dios…
-Mensaje del Pbro. Gustavo E. Sosa

Queridos amigos: este domingo he querido compartirles una reflexión que le pedí prestada a un amigo… Me gustó mucho más que la que había escrito yo, y por eso se las comparto.
Jesús curaba todo tipo de enfermedades. Pero cada una de las curaciones que realizaba tenía un mensaje diferente. Curar un ojo tenía un significado, curar una mano tenía otro mensaje. En el texto del evangelio de Marcos del domingo, Jesús aparece curando un leproso. ¿Cuál es la enseñanza particular de esta curación.

-Los leprosos en la época de Jesús estaban completamente relegados, excluidos de la vida social, no solo por temor al contagio, sino porque se los consideraba impuros, hasta el punto que quien tomaba contacto con un leproso no podía participar del culto. Por eso se les colocaba una campanita, de manera que los demás advirtieran su cercanía y pudieran escapar a tiempo. Un leproso era alguien que se sentía completamente abandonado por todos, objeto de asco, desprecio, miedo y rechazo.
Pero Jesús supera todo prejuicio, y se compadece del leproso. No sólo permite que el leproso se acerque a él, sino que además se atreve a tocarlo. Es interesante prestar atención a las palabras que usa el leproso para pedir ayuda a Jesús. Le dice: “Si quieres, puedes curarme”. -Esas pocas palabras expresan una gran confianza. No le dice “si puedes” porque no tiene dudas sobre el poder de Jesús. Cree firmemente que a Jesús le basta quererlo para poder curarlo. Las palabras de Jesús expresan la atención de su amor a la persona del leproso, su acercamiento íntimo y delicado. Le responde: “Lo quiero, queda purificado”.
-No se trata de una especie de magia, de una fuerza que sale de Jesús sin su control. Es una decisión de amor. Jesús toma la decisión de curarlo, y de esa manera la escena de la curación es una relación personal, un diálogo, un encuentro. Lo que tiene de particular la curación de un leproso es que no solamente se trata de la curación de la piel y de la carne enferma. Cuando se lo cura, Jesús lo integra nuevamente a la sociedad, le permite insertarse de nuevo en la riqueza de las relaciones humanas, lo libera de la marginalidad.
Y ahora sí, yo me pregunto y les pregunto: ¿Qué hacemos para integrar a los marginales, a los que están en las periferias, diría el Papa Francisco? Y en el plano personal, pensaba: Aunque no tengas lepra, puede haber otras cosas en tu vida que te separan de los demás, que te aíslan, que te llevan a sentirte solo o excluido. Podrías entregar todo eso a Jesús, para volver a optar por la vida en comunidad…

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin