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Parroquia San Martín de Porres

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Caminos de Dios…
-Mensaje del Pbro. Gustavo E. Sosa

Evangelio de San Juan 2,13-25 – En un momento lleno de paz y de ternura Jesús dice: “aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29). Pero cuando leemos el Evangelio de hoy nos encontramos con una actitud muy diferente. Lo vemos lleno de violencia contra los vendedores de la entrada del templo. Jesús hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos a latigazos, nos dice el evangelio que compartimos en la Eucaristía del domingo. Además, se puso a tirar al suelo las mesas de los cambistas y comerciantes. No podríamos verlo más alterado y agresivo.
-Pero no deberíamos confundirnos y ensañarnos hoy contra esas personas que venden estampas o comidas en la entrada de los santuarios e iglesias. Aquí se trata de algo mucho más serio y más grave. El rechazo de Jesús no se dirigía tanto a los vendedores, que eran simples empleados, sino a los sumos sacerdotes, que explotaban a la gente a través del culto. Todos estaban obligados a comprar en ese lugar lo necesario para los sacrificios y, por lo tanto, imponían obligaciones inventadas a la gente solo para acumular dinero. Por eso, el evangelio de Marcos cuenta que después de este episodio los sacerdotes “buscaban la forma de matarlo”. (Mc 11,18).

El Señor Jesucristo es, en nombre de Dios y de la dignidad del ser humano, Señor de la libertad, su crítica de la religión judía es referente para examinar la autenticidad de nuestra práctica religiosa actual. En Jesús, nada es argumento para soportar esclavitudes, sometimientos serviles, normativas opresoras, rituales alienantes, todo lo suyo es Buena Noticia de salvación y de liberación. Un énfasis notable del tiempo cuaresmal es el de caminar hacia la libertad de la Pascua. Incluso, la imagen del látigo usada como elemento nada agradable, representa la fuerza con la cual el Señor quiere entrar en la vida de cada uno de nosotros, con su gracia y su poder, para ayudarnos a que el templo de Dios, que somos cada uno de nosotros, esté limpio de toda mancha de mal y de pecado. Su gracia transforma nuestro ser de tal manera que podemos ser nuevas creaturas.
Es tiempo de CUARESMA: Descubramos que somos templo de Dios, y que Dios nos sigue hablando por medio de la conciencia, para que cuando vayamos al templo material, a orar con los hermanos, encontremos la alegría de compartir la vida de los redimidos.

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