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Parroquia San Martín de Porres

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Caminos de Dios…
-Mensaje del Pbro. Gustavo E. Sosa

Evangelio de San Juan 3,14-2 -14 de Marzo de 2021:
Seguimos avanzando por el camino cuaresmal para prepararnos a la celebración de la Pascua del Señor. La liturgia de este IV domingo de Cuaresma posee una fuerza dramática impactante, porque sus textos nos presentan dos grandes caminos que interactúan en la historia de la salvación:
-Por una parte, la ceguera del pueblo de Israel y de sus dirigentes, quienes se resisten a reconocer cómo Dios ha estado presente en su camino de liberación. Muy porfiados, se empeñan en seguir el camino del mal, con las consecuencias nefastas que esto acarrea. Esta dinámica destructora del pecado es contada, con un realismo que impacta, en el II Libro de las Crónicas y en el Salmo 136.
-Por otra parte, la misericordia infinita de Dios que permanece fiel a su promesa a pesar de las infidelidades de la humanidad, que llegó al extremo de sacrificar a su Hijo para que nosotros pudiéramos acceder a la vida divina. La manifestación de la misericordia de Dios está expresada, de una hermosa manera, en los pasajes que nos presenta la Carta a los Efesios y del Evangelio de San Juan.

-Me impresiona profundamente esta tensión entre infidelidad y misericordia, que es el hilo conductor de nuestra meditación dominical.
¿Cómo nos describe el II Libro de las Crónicas, la insensatez del pueblo de Israel? El pueblo y sus dirigentes se olvidaron de su liberación de la esclavitud, la peregrinación por el desierto y la entrada a la Tierra Prometida: “Todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, siguiendo las prácticas infames de las naciones paganas y profanando la casa de la que el Señor había hecho su templo en Jerusalén”.
-¿Cuál fue la respuesta de Dios? Por todos los medios los llamó al arrepentimiento y a la reflexión, pero todo fue inútil: “Ellos se burlaron de los mensajes de Dios, despreciaron sus palabras y se rieron de sus profetas”. Ante la inutilidad de estas acciones, Dios decidió hacer uso de un recurso pedagógico extremo, que fue la invasión de un ejército extranjero, la destrucción de Jerusalén y la esclavitud de la población, que fue llevada a Babilonia. Se trata de un durísimo capítulo de la historia de Israel, que los hará recapacitar y en el Salmo 136 expresarán con dolor, la tristeza del pueblo judío desterrado en Babilonia, lejos de la patria: “Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sion; en los sauces de las orillas colgábamos nuestras cítaras”. Aquí se inspirará Verdi para componer la opera Nabuco…

Los otros dos textos de la liturgia del IV domingo de Cuaresma, nos muestran la otra dinámica que está presente en la historia de la salvación. Se trata de la misericordia infinita de Dios.
San Pablo utiliza unas expresiones muy fuertes para explicarnos esta iniciativa de Dios: “Dios, rico en misericordia, por el inmenso amor con que nos amó, a pesar de estar muertos por nuestros pecados, nos dio una nueva vida en Cristo”.
Y el evangelista Juan nos dirá: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”.
Dentro de la lógica humana, es incomprensible que la respuesta de Dios ante las reiteradas infidelidades y traiciones de la humanidad sea entregar a su Hijo para nuestra salvación. Esta iniciativa del amor misericordioso de Dios rompe nuestra capacidad de comprensión.
Y por eso, quedémonos con esta gran verdad que nos invita a la vida nueva: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve por medio de Él”.

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