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Parroquia San Martín de Porres

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Domingo de Ramos

Meditación de Mons. Gustavo Carrara, Obispo auxiliar de Buenos Aires
Evangelio según San Marcos 11, 1-10. 14, 1-15,47.

Jesús entra en Jerusalén, el pueblo lo recibe con alegría y movido por una profunda esperanza grita: “Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”. A su paso cortaban ramas de los árboles de olivo para hacer una alfombra para él. Y como leemos en el relato de la Pasión, la respuesta del Señor frente a tanta expectativa, no fue dar ‘algo’, si no darse a sí mismo, entregar su cuerpo, derramar su sangre. Esto es lo que recordamos con los ramos que llevamos. El signo es el ramo de olivo bendecido. Es algo sagrado, es una reliquia. Toda reliquia tiene valor en relación con un contenido de fe. Esto es profundamente humano, mediante los sentidos nos acercarnos a las cosas de Dios.
Así el ramo bendecido se convierte en una referencia donde se quiere apoyar la vida. Así como alguno puede estar tentado de apoyarse en cuanto dinero tiene o en cuanto poder logra acumular, nosotros con este humilde gesto renovamos nuestro deseo de apoyar la vida en Dios, de ponernos bajo su cuidado y su protección. Es evidente que el punto de apoyo va marcando una orientación de la vida.
Al llegar a nuestra casa a veces colocamos el ramo de olivo en la puerta, así expresamos que Jesús es la ‘Puerta de la Misericordia’. O bien lo ponemos junto a una cruz y confesamos: ‘Vivo en la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí’. Muchas veces le hacemos lugar en el altarcito de la casa, donde encendemos una velita a la Virgen, donde rezamos en familia. Y este gesto lo hacemos en oración, allí volvemos a escuchar a Jesús que nos dice: “Quiero entrar en tu vida, como entré en Jerusalén el Domingo de Ramos”.

PARA REFLEXIONAR
Con la imaginación me meto en la escena del Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén y como si fuera una de las mujeres o varones que estaba allí, lo alabo diciendo “Bendito el que viene en nombre del Señor” y en un diálogo le cuento a Jesús cuales son mis expectativas, mis búsquedas, mis sueños.
Ahora con la memoria, recuerdo nombres, rostros, historias, de pequeños y pobres con los que me he cruzado en el camino de la vida en este último tiempo y que muy bien podrían haber sido de los que recibieron a Jesús aquel primer Domingo de Ramos y en diálogo con Jesús le pregunto: ¿Qué puedo hacer por ellos Señor? ¿Qué puedo hacer por vos? Hago silencio, escucho, lo dejo hablar a Jesús.

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