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PARROQUIA SAN MARTÍN DE PORRES

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Caminos de Dios… mensaje del Pbro. Gustavo E. Sosa
Fiesta del Cuerpo y Sangre de Jesús – Marcos 14, 12-16. 22-26

“…Gracias, Jesús, por quedarte entre nosotros…” Queridos amigos: hemos celebrado la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. La Iglesia nos invita a reflexionar sobre el significado de este regalo maravilloso que nos dio el Señor cuando celebró la Última Cena con sus discípulos y les ordenó: “Hagan esto en memoria mía”.
Desde entonces, los sacerdotes celebramos diariamente este memorial de la Pascua del Señor. En estos días me decían algunos que les sorprendía que hubiese gente aquí, en Bragado, que cuestionase que los católicos reclamemos por el derecho a celebrar la Santa Misa cada día y sobre todo cada domingo. El argumento que usaban decía: “a Dios lo podemos encontrar en cualquier lugar y en nuestra casa; no es necesario que vayan a misa para rezar…”.
Esto me causó un poco de tristeza, porque se nota que no han entendido nada. Esos mismos son los que después se juntan a escondidas de las autoridades, en fiestas clandestinas y en despedida por jubilación de alguna que otra maestra… ¿Por qué no se encuentran por zoom? Esto nos demuestra lo necesario de la comunidad y del encuentro, por supuesto que, con cuidados sanitarios extremos, frente a la virulencia del Covid que día a día gana terreno y cobra nuevas víctimas… Para nosotros, creyentes católicos, celebrar la Eucaristía es celebrar que podemos alimentar nuestra vida con el Cuerpo y la Sangre de Jesús, que se nos dan en comunión. Y esto solo lo podemos hacer si participamos de la Misa, cada domingo.
-Lamentablemente, durante estos largos y tediosos meses de pandemia, millones de católicos no han podido asistir a la misa dominical y han tenido que consolarse con las misas transmitidas por TV. Tenemos necesidad de participar presencialmente, sentir que pertenecemos a una comunidad de fe, orar y cantar juntos.
Todos los días celebro la eucaristía solo. Con mucha frecuencia, viene a mi imaginación la experiencia vivida por el pueblo de Israel que caminó por el desierto durante cuarenta años: Cansado, insolado, deshidratado, irritable, con hambre. Me imagino el momento en que encontraban un oasis, armaban sus tiendas, se refrescaban, descansaban, reponían las fuerzas, resolvían los problemas de convivencia que aparecían en la vida cotidiana.
Así me siento cada día, cuando celebro la Eucaristía durante esta pandemia. Es como llegar a un oasis en el que descanso, repongo mis fuerzas y encuentro la paz interior.
En la celebración eucarística, recuperamos las fuerzas, nos recargamos de fe, esperanza y amor para seguir anunciando la buena noticia de la salvación y apoyar todas aquellas iniciativas que aporten a la solución de los problemas que nos agobian.
-Los cristianos encontramos en Cristo Eucaristía, la fuerza para el compromiso y el trabajo que realizamos en bien de los demás. Si nos falta la Comunión con el Cuerpo del Señor, haríamos las cosas como buenos filántropos, pero no como hombres de fe.
Esto significa que debemos buscar en la eucaristía la inspiración y la gracia para sanar las profundas heridas que desgarran el tejido social. En las calles de nuestro país están confluyendo numerosos actores sociales con agendas e intereses muy diversos: Aspiraciones justas, cálculos electorales, narcotráfico, enfrentamiento de dirigentes… Todas estas tensiones han paralizado la actividad económica, aumentan el desempleo y la pobreza, exasperan a la sociedad civil, son el escenario perfecto para que irrumpa la violencia. Dios no quiera que esto pase…
En estos momentos de confusión y tensión, dirigimos los ojos a la Eucaristía: “cumbre y fuente de la vida cristiana”, para encontrar en ella la fuerza espiritual y la lucidez para encontrar las respuestas a los graves problemas que nos acosan. Por eso, cada día repitamos en nuestro corazón esa vieja oración que dice: “Bendito y alabado sea Jesús, en el Santísimo Sacramento del Altar.”

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