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Parroquia San Martín de Porres

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Caminos de Dios…
-Pbro. Gustavo E. Sosa – Marcos 6,30-34

Uno de los aprendizajes más importantes que nos deja esta pandemia es la convicción de que solos no podemos vivir y es necesario fortalecer los vínculos de solidaridad entre los seres humanos. Hay que dibujar un nuevo mapa de las relaciones sociales.
Cada uno de nosotros puede expresar, con sus propias palabras, este descubrimiento a partir de las experiencias vividas durante estos largos meses de incertidumbre. Una forma de describir esta realidad es a través de la expresión ética del cuidado: Yo me cuido, tú te cuidas, todos nos cuidamos… Esta interminable pesadilla de la COVID-19 nos obliga a romper los muros del individualismo y construir puentes de encuentro y solidaridad.
-Las lecturas del domingo nos ofreció elementos muy ricos para identificar estos cambios profundos que debemos introducir en nuestro modo de vida.
Los invito a escuchar atentamente la Palabra de Dios que nos muestra cómo Jesús cuidaba de sus discípulos y cómo el buen pastor se hace cargo de sus ovejas. Esto nos motivará a trabajar, con renovado entusiasmo, en la construcción de vínculos de solidaridad y cercanía con las personas que nos rodean.
-Miremos el evangelio de Marcos. Vemos a Jesús que está acompañado de sus discípulos, después de que ellos regresaron de su primera experiencia evangelizadora: “Cuando los apóstoles regresaron de su misión y se reunieron con Jesús, le comentaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces les dijo: Vengan ahora ustedes a un lugar solitario y despoblado y descansen un poco”.
Jesús conoce en profundidad a cada uno de sus discípulos: sus ideas, sentimientos, temores, expectativas. Como sabio pedagogo, entiende que ellos necesitan compartir sus experiencias para decantarlas. Jesús cuida de ellos, los acompaña en su proceso de maduración en la fe y como evangelizadores en formación. Si estamos hablando de la labor evangelizadora de la Iglesia, necesitamos crear auténticas comunidades con sólidos vínculos espirituales y afectivos. Jesús nos da un hermoso ejemplo como cuidador de sus discípulos.
Esta escena tan apacible e íntima de Jesús con sus discípulos se refuerza con la figura del buen pastor. El Salmo 22 describe al Buen Pastor: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”.
Estas dos imágenes que surgen de las lecturas de este día nos invitan a hacer una revisión de la calidad de nuestras relaciones: ¿Están ellas impregnadas de empatía, solidaridad y preocupación por el bienestar de los otros? ¿O son simples relaciones funcionales y ¡sálvese quien pueda!?

-Hay familias que carecen del calor del hogar. Son simples cobertizos donde se duerme, se sirven unos alimentos y se lava la ropa. ¡Nada más!
-Con tristeza vemos cómo las relaciones de los feligreses con su parroquia, con frecuencia se reducen a la prestación de unos servicios: bautismo, confirmación, primera comunión, exequias. Pero faltan el amor y la solidaridad que caracterizaban a las primeras comunidades cristianas.
-Hay jefes que solamente están interesados en los indicadores de productividad de sus empleados y el cumplimiento de unas metas establecidas en el presupuesto anual. No les interesa el factor humano.
-La destrucción sistemática de nuestro planeta y la pandemia de la COVID-19 han activado todas las alarmas y nos han abierto los ojos: tenemos que tejer fuertes vínculos de solidaridad, solos no podemos salir adelante.
-Debemos asumir nuestro rol como cuidadores los unos de los otros. Tenemos que rediseñar el mapa de las relaciones con nuestros hermanos, con la naturaleza y con Dios. No queda otro camino.

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