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Parroquia San Martín de Porres

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Caminos de Dios…
-Por Pbro. Gustavo E. Sosa

Domingo XVI Ordinario. Juan 6, 24-35 – El tema que nos reúne esta semana en torno a la Palabra de Dios gira alrededor del alimento, que es un factor esencial para la conservación de la vida. El alimento nos proporciona la energía para que funcione nuestro organismo y así podamos llevar a cabo todas las actividades físicas e intelectuales.
Es muy interesante analizar cómo se va desarrollando esta reflexión. El punto de partida es la rebelión de los israelitas contra Moisés y Aarón, en su peregrinar por el desierto. Están furiosos porque tienen hambre: “¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de las ollas de carne y comíamos hasta hartarnos! Nos han sacado a este desierto para matar de hambre a todo este gentío”.
En medio de esta crisis alimentaria, el pueblo no piensa en la explotación que sufrió por par-te de los egipcios. Tampoco le interesa recordar los hechos extraordinarios que obligaron al faraón a aceptar que marcharan. Los acontecimientos del Mar Rojo están borrados de su mente. Su único pensamiento es comer con abundancia.
Esta expresión de descontento popular que afrontan Moisés y Aarón, se convierte en una oportunidad para la manifestación de la gloria de Dios. El maná que caía del cielo y alimentaba cada día al pueblo de Israel en su travesía por el desierto es un símbolo muy potente de la generosidad de Dios.
En el Evangelio de Juan encontramos un relato muy interesante sobre los acontecimientos que siguieron al milagro de la multiplicación de los panes. Quienes habían participado en este evento, no quisieron despedirse de Jesús y lo siguieron hasta la otra orilla del lago. Pero Jesús pone en duda la transparencia de su motivación: “Ustedes me buscan por haber comido hasta quedar llenos, y no porque hayan creído viendo las obras que realizo”. Este ácido comentario de Jesús pone al descubierto las motivaciones interesadas de nuestras oraciones. En ellas pretendemos escribir el guion que Dios debe seguir, y nos da mucho trabajo tomar en serio la petición que expresamos en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
En este diálogo profundamente pedagógico que se lleva a cabo entre Jesús y los que lo seguían por simple interés, llega un momento en el que ellos le dicen a Jesús: “Señor, danos siempre ese pan”. Y Jesús les responde: “Yo soy el pan que da la vida; quien viene a mí no pasa hambre; quien cree en mí nunca tendrá sed”.
Igualmente, revisemos en esta meditación el grado de madurez de nuestra fe. Preguntémonos si nuestra confianza en Dios es total o si está contaminada por cálculos egoístas. Preguntémonos hasta dónde nos ponemos confiadamente en sus manos o si nos mueven otros intereses.

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