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Parroquia San Martín de Porres: Mensaje de Navidad

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-A cargo de las palabras del Padre Gustavo Sosa

Queridos amigos:
¡Qué raro ha sido este último año! De buenas a primeras tuvimos que vivir encerrados en nuestras casas, mirando por la ventana desde donde vendría el maldito virus y aprendiendo a tomar distancia unos de otros, como si fuéramos escolares en la década del setenta…
Todo esto generó en nosotros, no sólo el aislamiento necesario, sino que instaló también la desconfianza de unos con otros. Ya no se puede abrazar a nadie, miramos con recelo al que anda sin barbijo, y aprendimos a usar litros de alcohol, como única vacuna que nos puede preservar del contagio…
En medio de una sociedad que venía sosteniendo como se podía una economía castigada por las malas decisiones de nuestros gobernantes y agravada por la larga cuarentena impuesta a todos nosotros, al gobierno se le ocurre (vaya a saber Dios con que intenciones…) iniciar un debate sobre el aborto que es absolutamente inconstitucional (y no quiero meterme en este tema, que dejo a los juristas…), y, además, viene a profundizar más aún el quiebre de una débil unidad nacional que nos identifica como nación.
Los que decían que venían a sanar la grieta, con esto la han profundizado aún más. Incluso con el discurso de que son defensores de la vida, y por eso nos encerraron nueve meses, ahora proponen el aborto como solución a “errores” que se pudieran haber cometido (como si engendrar un hijo fuera un error). Los mismos que dicen estar a favor de la vida, propician la muerte de los más indefensos, de los que no tienen voz, de los niños por nacer…
Y así nos encuentra la celebración de la Navidad: reviviendo lo que en el pesebre de Belén se vivió hace más de dos mil años… Por un lado, viendo como el mismo Hijo de Dios, viene a compartir nuestra humanidad, no de cualquier manera, sino haciéndose uno de nosotros, haciéndose hombre, buscando ser igual en todo a nosotros, para salvarnos, no desde afuera, sino desde nuestra propia carne…
-Todo muy lindo, hasta que apareció Herodes, el rey puesto por los poderosos romanos como un títere, que se asustó frente a la noticia de que un rey, el Mesías, había nacido… ¿Cuál fue su primera reacción? MATEMOS A TODOS LOS MENORES DE DOS AÑOS PARA SACARNOS DE ENCIMA EL PROBLEMA…
Allí se pretendió que la solución mas fácil era la muerte de los inocentes… hoy pareciera que queremos imitar ese momento de la historia.
¡Qué lástima que no podamos darnos cuenta de que el camino elegido por Dios para hacerse presente entre nosotros haya sido el de la pequeñez de un niño nacido en un pesebre, rodeado del amor de sus padres, y acompañado por pastores y animales!

-Quizás a algunos les pueda parecer que mi reflexión es pesimista… pero no es así… luchar en defensa de las “dos vidas”, es comprometernos con el futuro y con la esperanza, porque cada niño que nace nos abre a la posibilidad de que Dios sigue confiando en la humanidad, y sigue apostando por nosotros, un punto insignificante en medio del universo, pero que sin embargo, ha sido elegido por El para realizar su obra creadora, y hacernos participar de la alegría de ser sus hijos, con una vocación de eternidad.
También hoy, como hace dos milenios, imitemos la devoción de María, la Virgen, que adora a su Hijo, porque sabe que es el Hijo de Dios; pero imitemos también la decisión y valentía de José, que no teme salir en medio de la noche, huyendo a Egipto para salvar al Niño.
No tengamos miedo… en medio de la noche brilla la luz de Belén, que guía el camino de los pastores que van a ver que ha ocurrido, y alumbra el camino de los Reyes Magos, que vienen a adorarlo desde lejos.
En medio de la oscuridad, sigamos siendo esa luz, que alumbra el nacimiento de Belén, y que debe alumbrar hoy la realidad histórica de tantos hermanos, que cegados por ideologías o por una búsqueda facilista de soluciones, hacen que la vida, y sobre todo la vida inocente, sea un bien de cambio, con el cual podamos negociar, manipulando la obra de Dios como se nos ocurra.
¡Feliz Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo para todos! Que Dios los bendiga! Y a aquellos que no son creyentes, que Dios los acompañe en el camino de sus búsquedas personales, que le den sentido a sus vidas, y encuentren el verdadero bien y la felicidad.

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