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Pobreza y ciencia

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-Por el Dr. Gustavo A. Benalal

Las cifras oficiales y extraoficiales sobre la pobreza advierten que cada vez son más los chicos que crecen en hogares agobiados por las carencias más elementales, circunstancias en que los últimos gobiernos – Kirchnerismo y Macrismo – comparten responsabilidades.-
El Psicólogo e Investigador del Conicet Sebastián Lipina, en su ensayo «Pobre Cerebro» (Siglo XXI e-book), explica que el cerebro desde su formación, es sensible al estrés, al maltrato, a la carencia física y afectiva, a la desnutrición, pero que al conocerse los mecanismo destructivos se pueden contener y contrarrestar sus efectos.-
Estamos inmersos en una cultura en la que priman los criterios de ingreso y necesidades básicas para identificar a quienes sufren la tragedia de la indigencia y pobreza.-
El uso de indicadores económicos sencillos, propios de los criterios clásicos de medición de pobreza, no deberían primar sobre la consideración del sufrimiento de nuestros hermanos.-
Recién a mediados de los 90 se comenzó a tener en cuenta el momento en que se inician las privaciones en la vida de un niño y su duración; se empezó a estudiar la relación entre los distintos factores de la pobreza y sus efectos en la salud física y psicológica.- Hay consenso entre los especialistas que el impacto de la pobreza sobre el desarrollo emocional, cognitivo y social de los niños, depende de la cantidad de factores de riesgo a los que están expuestos, de los momentos de la vida en los que experimentan las privaciones y su susceptibilidad al medio ambiente (o sea, sus posibilidades de adaptarse a la adversidad).-
Algunos estudios sugieren que cuanto más vive una familia en situación de pobreza, menor es la cantidad y calidad de los estímulos para el desarrollo cognitivo y el aprendizaje en el hogar; otros estudios indican que tanto la pobreza persistente como la ocasional, pueden afectar el desarrollo cognitivo y emocional de los niños, aun cuando la primera es más pronunciada en sus efectos.
-Otros estudios permitieron observar que el mismo nivel de ingresos o confort material, puede ser percibidos de diferentes formas por los integrantes de una familia, según comuniquen o no a sus hijos sus preocupaciones sobre la inseguridad económica o la estabilidad en el empleo, ya que la experiencia subjetiva también explica los efectos de la pobreza sobre el bienestar psicológico de los niños; mientras otros especialistas han mostrado que la falta de apoyo familiar durante la escolaridad primaria también influye negativamente.
Pero solo por la actividad académica no se soluciona el problema de la pobreza sino que se requiere la intervención de organismos gubernamentales y no gubernamentales (ONG, instituciones privadas, etc.).
Los estudiosos y científicos pueden aportar conocimientos, métodos pero los proyectos y políticas en materia de desarrollo social deben provenir de los organismos gubernamentales y multilaterales.
También la ciencia tiene su parte, debe cuestionarse a sí misma para delimitar su lugar en las transformaciones culturales y morales que hoy se requieren e interpelar constructivamente a quienes diseñan y llevan adelante las políticas públicas.
Se requieren acciones cuyo objetivo común debe ser reducir la inequidad y promover una sociedad más igualitaria; esas acciones prioritarias son eliminar el trabajo precario, fortalecer los sistemas colectivos de negociación; mejorar las condiciones nutricionales y los seguros de desempleo; garantizar el acceso a la nutrición, salud y las necesidades básicas de energía; regular los derechos sociales y laborales, considerar la desigualdad de género; evitar el fraude y la acumulación de poder en los entes gubernamentales y ONG; invertir en el desarrollo social y de la infancia con el fin de recuperar niveles adecuados de igualdad de oportunidades y movilidad social durante el ciclo vital. De esta manera llegaremos a una sociedad más igualitaria y justa.

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