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Poema

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Naciste lejos, siempre estará volviendo…

Naciste lejos, allá, en un gran país de Europa.
Solo eran vos y tu madre, más alguna que otra ropa.
Creciste acá en Buenos Aires, que es tu casa para siempre
aprendiste en las esquinas, y en los boliches corrientes.

Entendiste que cantar, es un arte superior
y aprendiste escuchando, en cada esquina un tenor.
Inventaste algo nuevo, algo que nadie esperaba
una fusión renegada de música y voz cantada.

Apareciste con todo, tu talento y arrasaste
dejando chicos al resto, mas siempre los respetaste.
Estoy seguro te extraña tu Buenos Aires querido
como una mujer que enviuda, y que extraña a su marido.

Dice Almagro que recuerda los tiempos de tu niñez
Y hay una lejana tierra, que fue tuya alguna vez.
También se anda comentando, de un caminito borrado
donde caminabas siempre, cual muchacho enamorado.

Las ilusiones pasadas, no las pudiste arrancar
Y dice la estrellita tuya, que acá te van a extrañar.
Hay algunos que pensaron, que para siempre te fuiste
estás en todos los tangos, los alegres y los tristes.

El tango tiene tu nombre, lleva tu estampa marcada
pero en el pecho tiene, Zorzal, una puñalada.
Lo dejaste así de triste cuando partiste hacia el cielo
Y ahora un millón de estrellas, harán su nido en tu pelo.

Ese rayo misterioso, al que ahora descubriste,
contame cómo es de cerca, pa pasar mi noche triste.
Perdoná si al evocarte, se me pianta un lagrimón
no soy yo el que lo dice, lo proclama el bandoneón.

La guitarra en el ropero, todavía está colgada
dice que hasta que no vuelvas, nadie en ella canta nada.
El viejo smoking que usaste, para las mejores fiestas
dice que nadie lo toque, hasta que pegues la vuelta.

Si tus ojos se cerraron, para no abrirse jamás
que el tango haga silencio, y que no se cante más.
Dijo una vez un poeta, que donde cayó ese avión
ni un cardo crezca jamás, terrible esa maldición.

¿Cómo no voy a escribirte, yo, zorzal, una poesía?
Si dormida entre tus tangos, descansaba el alma mía
Y como esa golondrina, que era de un solo verano
el tango yace con vos, porque descansa en tus manos.

Yo tomo y obligo amigos, esta noche a brindar
por Charles Romuald Gardés, aquél criollo Zorzal.
Déjenme decirlo así, por más duro que esto suene:
si el Zorzal calla su canto, siento que el tango se muere.
Autor: Emanuel Bibini (Alberti)

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