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Aceptar, aprendiendo cada día…

En ocasiones pienso en mi infancia por algún motivo, el de entender varias situaciones del presente quizás es una. Es que si hablamos del concepto de historia, es el estudio del pasado para comprender el presente, y en este caso, la historia, es la que cada ser humano va viviendo diariamente y a la cual le llamamos claramente, vida. Quizás, en nuestra infancia antes de profundizar y comprender distintas situaciones, fuimos caprichosos. Seguramente en algún momento cuando mamá/papá o algún familiar nos regalaba algo y no era lo q esperábamos, no lo aceptábamos y nos «enojábamos», ya que no cumplía con nuestra expectativa. Luego nos damos cuenta de lo abrumador y angustiante que puede ser esperar y no aceptar. No se puede estar esperando que la vida pase y que no la aceptemos. Cuando se deja de esperar y se comienza a aceptar, además de ser menos abrumador, se genera bienestar constante. Esperar desespera, en cambio aceptar, elimina la expectativa, el prejuicio, la ansiedad y la desilusión.
Si alguien nos hace un regalo, nos escribe, nos extraña…, mientras quizás nosotros estábamos realizando algo ajeno a esa persona, ésta estaba pensando en nosotros y estuvimos en su pensamiento, motivo suficiente para comprender que estamos dejando lo que queremos en los demás, ser buenas personas siempre y ayudar al bienestar del otro con nuestras acciones. Por lo tanto, quizás lo único sano es dejar que la vida nos sorprenda y la sepamos aceptar aprendiendo día a día que lo que pasa, es para disfrutar y/o aprender.

Gonzalo Ciparelli.

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