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Quien no se preguntó que era ese edificio grande sobre Ruta 40 en Merlo

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Muchas veces nos preguntaron sobre la historia del edificio que se encuentra en Ruta 40 (Ex. Ruta 200) y Toay, todos los días la gente pasa por allí y mira esa vieja edificación de la cual se tejen muchas fantasías y hoy te vamos a contar la historia del lugar.

El edificio se fundó en el año 1928, nació como el Sanatorio Social Domingo Faustino Sarmiento, era privado y se dedicaba al tratamiento de la tuberculosis pulmonar, fue construido con la colaboración de la Mutualidad Antituberculosa del Magisterio, tuvo como objetivo albergar mujeres docentes de todo el país, que padecieran esta enfermedad o que tuvieran síntomas y debían viajar a Merlo, en donde eran recibidas por médicos y enfermeras con los últimos adelantos médicos para tratar la enfermedad.
No era un hospital en sí, sino que se parecía a un lugar de descanso a donde las maestras iban a recuperar su salud y sus fuerzas. Según el estado de salud los pacientes se dividían en enfermos de reposo absoluto, los casi curados y los curados clínicamente, una vez llegadas al sanatorio entregaban su ropa, para que las mismas fueran lavadas y desinfectadas, sus objetos personales eran dejados en la administración para ser devueltos en el momento de su retiro.
Cuando las pacientes ingresaban a la internación recibían un baño tibio e higiénico, la higiene personal era una de las pautas considerada más importante, la ropa que debían usar “siempre” eran guardapolvos blancos y a cada paciente se le adjudicaba una historia clínica, además tenían asignada una planilla donde constaba la dieta que llevarían durante el tratamiento, se creía que una buena alimentación era la base para poder recuperar la salud.
La característica principal del sanatorio era el control estricto y la disciplina, el director era quien se encargaba de controlar todo el establecimiento con gran ayuda de las enfermeras. Las pacientes tenían horarios para despertarse en invierno y en verano, al despertar debían higienizarse y tender su cama si podían.
Por las noches y en los momentos de descanso debían «airearse» y dormían con puertas y ventanas abiertas, de noche todas las luces eran apagadas, sólo quedaba la luz de la guardia. Por la mañana se quedaban dentro de las habitaciones quienes presentaban fiebre mayor a 37,5° y las pacientes que podían levantarse se tomaban la temperatura en el «chaisse lounge» (silla larga que dispone de un brazo más largo que el resto del sofá que permite el apoyo total del cuerpo).
Las comidas eran servidas por las mucamas en el comedor y luego realizaban paseos en el parque, donde había huerta y gallinero, además podían leer libros, escribir cartas o realizar juegos de mesa, debían permanecer muchas horas tomando baños de sol, en silencio, descansando las piernas para lograr un reposo físico y mental.

Reglas del lugar:
-No escupir en el piso, para eso tenían saliveras en el pasillo.
-En las mesas de luz sólo podían tener una jarra de agua, vaso y salivera.
-Estaba prohibido dañar el lugar.
-Se debía usar el guardapolvo blanco siempre.
-No se podía deambular por los pasillos.

Los horarios de visita del nosocomio era sólo los domingos de 17:00 a 19:00 hs. en verano y de 15:00 a 17:00 en invierno. Las pacientes se daban de alta cuando alcanzaban la curación clínica, cuando no cumplían las reglas o cuando no cumplían con los permisos. El jefe superior era el director, él dirigía la institución y era el nexo con el dispensario.
Las enfermeras eran el eje fundamental del sanatorio. Se encargaban de llevar a cabo el tratamiento indicado, de los reposos al aire libre, tomar las temperaturas y peso, encargar y administrar medicamentos, también de entregar la correspondencia. En el sanatorio se realizaban exámenes de Rayos «X», de sangre, de orina, de nariz, de garganta y oído, contaban con farmacia, médicos radiólogos, laboratorio y consultorio dental, se desconocen aún las razones de su cierre.
La tuberculosis, es una enfermedad respiratoria que se contagia de forma aérea, había alcanzado su pico máximo en nuestro país con una tasa de mortalidad de entre el 300 y 230 por cien mil habitantes, aunque había tratamientos paliativos y experimentales, eran poco eficaces no había cura en ese momento y se recomendaba el aislamiento del paciente en sanatorios especializados en lugares soleados y serranos, por tal motivo se elegía a la ciudad de Córdoba y nuestro Merlo.

Texto: Merlo tiene historia

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