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Rodolfo Walsh: El verbo armado

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-Se cumplieron 94 años del nacimiento del escritor, periodista y dirigente montonero -“Operación Masacre” fue su libro más reconocido, obra que fue pionera en lo que sería el “Nuevo Periodismo”

Por Julio Bazán.

Uno de los efectos de perspectiva del recuerdo es mostrarnos las cosas más grandes de lo que son. La excepción que tiene toda regla se encuentra en este caso en el horror sin límite ni medida implantado por la dictadura militar que irrumpió en 1976. El paso del tiempo permitió tomar conciencia de la dimensión de la tragedia, velada al principio por el imperio de un brutal silencio informativo que condenaba a muerte a los que intentaban romperlo. Rodolfo Walsh, escritor, periodista y dirigente montonero, de cuyo nacimiento se cumplieron 94 años el 9 de enero, pagó con la vida la determinación de llevar hasta las últimas consecuencias sus dos vocaciones inescindibles: la del escritor y periodista que no deja acallar su verdad, y la revolucionaria que lo llevó a involucrarse en la lucha armada.
Su metáfora de que la máquina de escribir es “un arma” que “según como la manejás es un abanico o es una pistola” y el hecho de que empuñara una pistola real para defenderse de los marinos represores que lo emboscaron y lo acribillaron el 25 de marzo de 1977 (fueron juzgados y condenados), cierran un círculo. Configuran una síntesis (pensamiento y acción) del sentido que quiso darle a su vida desde que se persuadió de que era posible (en sus palabras) “redimir lo literario y ponerlo también al servicio de la revolución”. La grieta actual, que promueve la intolerancia, conspira contra el análisis sin apasionamiento de la vida y obra de Walsh y la comprensión de su actuación en el período más violento y desgarrador de la historia argentina. Tiempos de periodistas muertos, desaparecidos o exiliados, y medios clausurados. Él fue uno de los noventa periodistas desaparecidos en esa etapa trágica.

EL HORROR AL DESNUDO
Escritor, periodista y dirigente montonero, en ese orden cronológico, su empeño en develar el horror silenciado lo llevó a crear una agencia de noticias clandestinas (ANCLA) y a promover una “Cadena informativa” en la que invitaba “al pueblo argentino a romper el bloqueo de la información”. Su acto decisivo de denunciar al cumplirse un año de la dictadura, en una carta abierta dirigida a la Junta Militar, que “lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”, sería el postrero.
Salió a repartirla en persona, cuando ya le mordía los talones el rastreo militar, que llevaba meses a la caza de quien era oficial primero de Inteligencia de los Montoneros y a la vez la principal amenaza contra el vacío informativo. La delación arrancada con la tortura lo acorraló la tarde del final en la esquina de San Juan y Entre Ríos. Los asesinos (una Unidad de Tareas de la ESMA integrada por entre 25 y 30 personas y encabezada por el feroz capitán Jorge “El Tigre” Acosta) robaron su cuerpo, que nunca apareció.
La Carta desnudaba el horror. Denunciaba la creación de “virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez”, así como la tortura y la existencia de “quince mil desaparecidos, diez mil presos y cuatro mil muertos”. Pero también criticaba a la política económica “que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. Era el texto del militante político pero escrito con el rigor profesional del periodista independiente, en base a datos y cifras fruto de la investigación rigurosa.

RODOLFO WALSH
Sus talentos como escritor premiado, como investigador brillante y periodista magistral lo hacen reconocido y respetado dentro y fuera de la Argentina. Su condición de integrante contemporáneo de la organización responsable de crímenes que fueron probados por la Justicia y llevaron a la cárcel a sus máximos dirigentes (hasta que los benefició junto a los dictadores el indulto dictado por Carlos Menem), lo somete al juicio de la historia.
Y lo adscribe a la polémica que provocan todavía en la sociedad los civiles protagonistas de la lucha armada de los 70, primero durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, y luego en la dictadura.

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