Press "Enter" to skip to content

Sabella: docencia y decencia aplicada al fútbol

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

-Por Facundo Alvanezzi

Esgrimir palabras adecuadas que subrayen mis emociones por un » Señor Profesor», es en mi caso de formador por excelencia, una obligación de estilo, ética y humanidad irremplazable. Sólo los que amamos educar enseñando comprenderán en expansión universal el liderazgo que nos legó Sabella.
Dejo constancia en una frase de los psicólogos americanos Ron Gallimore y Roland Hart, que se adhiere perfectamente al pensamiento y obrar de Sabella. Dice exquisitamente: «Habré enseñado cuando los jugadores hayan aprendido. Ni un minuto antes, ni un minuto después, hasta alcanzar la élite». Esto lo concretó con creces y sobrada calidad humana Alejandro. Enseñó y gestionó personalidades con el significado de estrellas. Para él, anónimos profesionales que debían cuantificar su calidad humana por sobre sus egos.
Humanizó el talento individual como nadie, impartió clases en las aulas (vestuarios) para minimizar el resultado y maximizar al hombre. Habrá enseñado cuando nosotros continuemos su camino en nuestro derrotero y auspicioso camino. Ni un minuto antes, ni un minuto después.
Sabella, maestro, docente, decente, líder, orfebre cultor del bajo perfil, dictaba clases magistrales cargadas de valores y dignidad en todos los entrenadores, formadores y futbolistas que interpretamos el sentido universal de pertenencia más allá de ideas y posturas.
Alejandro fue un orante divulgador del respeto colectivo para trasladarlo a la individualidad, lo combinaba con el agregado sello seductor del Futbol-Juego-Arte, basado en el respeto sublime al prójimo y al rival de turno, cultivando una serenidad humana deportiva como espíritu magnánimo entre el amateurismo y el profesional.
Definirlo es limitar su inconmensurable hombría de bien, pero puedo adjuntar algo en latín que lo describen a penelo. Sabella, docente y decente, que significa «cualidad del que enseña», persona de recato y honestidad que hace que una persona sea consciente de la propia dignidad humana. Alejandro lo sabía y lo demostraba continuamente.
Su cultura, muy superior a la media, lo distinguió en el mundo entero. Soy fiel testigo de ello, pues en Europa se lo valora increíblemente por su caudal intelectual y de estratega que puso en jaque a más de uno. A quiénes amamos la docencia, nos queda un vacío enorme, ya que apasionarnos del juego con valores culturales y morales como manifestaba Alejandro es para muy pocos distinguidos caballeros de la Ética y la Moral trasladada al fútbol.
A una porción de la sociedad diezmada por la escasa formación de sus intérpretes les resultará difícil comprenderlo. En mi caso, me pongo de pie y admiraré por siempre su caballerosidad. ¡Gracias Maestro!.
Me complacería homenajearlo con una gran frase de Facundo Cabral que también se adapta al estilo de Alejandro. “Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, por qué preocuparnos tanto…?”.
Si tu legado inmenso descansa en nosotros, cultores de tu genuina identidad humana y profesional, también subiremos y bajaremos, también ganaremos y perderemos, naceremos y moriremos, pero siempre abrazados a la dignidad y los valores como premisa que nos legaste.
-Chau maestro, te vas con tu dignidad, valores y exquisita zurda a gambetear con Diego en el Olimpo más sagrado y reservado a los privilegiados gladiadores del Juego-Arte-Pasión, que muy pocos han logrado transmitir.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin