Press "Enter" to skip to content

Segunda nota Rodolfo Walsh: el verbo armado…

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

“Operación Masacre” fue su libro más reconocido, obra que fue pionera en lo que sería el “Nuevo Periodismo”

Por Julio Bazán.

Walsh vivió cincuenta años, desde que nació en 1927 en Choele-Choel (actualmente Lamarque), en la provincia de Rio Negro, hijo de un mayordomo de origen irlandés al que recordaba así: “tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos”. En 1937, una fuerte crisis económica afectó a su familia, y su padre lo internó junto a uno de sus cuatro hermanos en un colegio irlandés para chicos huérfanos y pobres, en la localidad bonaerense de Capilla del Señor. Su suerte mejoró cuando lo trasladaron al Instituto Fahy, de la ciudad de Moreno, un colegio de curas irlandeses. En esos años atesoró vivencias y realizó anotaciones que alumbraron una serie de cuentos reunidos en la serie “Los irlandeses”, con metáforas, a veces amargas, sobre la injusticia, la lucha y la libertad.

Después de abandonar los estudios en la facultad de Filosofía y Letras de La Plata (declaró respecto de su madre que, “el mayor disgusto que le causé es no haber terminado mi profesorado en letras”), entró a trabajar como corrector de pruebas y traductor en la editorial Hachette, y escribió su primer texto del género policial. Su antología de “Tres cuentos en rojo”, le valdría el premio Municipal de Literatura en 1953. Tres años antes, otro relato policial, “Las tres noches de Isaías Bloom”, escrito bajo el seudónimo de Simbad, obtuvo una mención honorífica de un jurado integrado por José Luís Borges, Adolfo Bioy Casares y Leónidas Barletta.
En la revista Leoplán, la lectura, traducción y adaptación de obras de Edgar Allan Poe, Ambrose Bierce, Jack London, y Arthur Conan Doyle lo inspiraron para el que sería su gran “oficio terrestre”, el de escritor. Así cuenta la comprobación de sus aptitudes mientras trabajaba en Leoplán: “Un día extravié medio pliego de una novela de Asimov. ¿Sabe qué hice? Lo inventé de pies a cabeza. Nadie se dio cuenta. A raíz de eso fantaseé que yo mismo podía escribir”.

“HAY UN FUSILADO QUE VIVE…”
Operación masacre cambió mi vida. “Haciéndola, comprendí que, además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior”. Cuando pronunció ese juicio Walsh no imaginaba el precio que iba a pagar por ese cambio. Como si fuera parte de la obra, aunque apenas era el prólogo, escribió: “La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos del 9 de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fin de ese año, en un café de La Plata donde se jugaba al ajedrez (una de sus pasiones). Una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice: – Hay un fusilado que vive”.

-El informante aludía a la masacre clandestina contra doce civiles (de los que murieron cinco) en los basurales de José León Suárez, como parte de la sangrienta represión de la golpista autodenominada “Revolución Libertadora”, contra el levantamiento encabezado por el general Juan José Valle en el marco de la “Resistencia peronista”. Valle sería fusilado tres días después. En ese lapso de 96 horas fueron ejecutadas veintisiete personas entre civiles y militares.
La investigación del caso lo obsesionó. Identificó al “fusilado que vive” como Juan Carlos Livraga, lo entrevistó y pudo saber que había otros sobrevivientes. Abandonó su casa y su trabajo, y con el seudónimo de Francisco Freyre, vivió en una casa prestada en el Tigre y luego durante dos meses en un helado rancho de Merlo, cargando un revolver. La dedicación a esa tarea le costó la relación con su esposa, Elina Tejerina, y sus dos hijas estuvieron internadas un año en un colegio católico. 
-Hasta ese momento era un antiperonista confeso; (“Puedo, sin remordimiento, repetir que he sido partidario del estallido de septiembre de 1955”, llegó a decir). Explicó que pese a esa condición “no pude entender ni soportar semejante injusticia: que hubieran matado a trabajadores pobres, peronistas, a gente que no tenía nada que ver”.
Operación Masacre fue la primera novela de No Ficción periodística. Se adelantó nueve años a la célebre “A sangre fría”, de Truman Capote, el libro citado a menudo como iniciador de este género. Pensó que podía constituir su pasaje a la fama, la popularidad y el éxito, pero no logró que editorial alguna la publicara (“se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseó por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse”, protestaba). La incluyó en forma de notas en la revista Mayoría, hasta que antes de terminar 1957 apareció la primera edición en Ediciones Sigla con el subtítulo «Un proceso que no ha sido clausurado».

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin