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Siempre hay tiempo para empeorar

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Es una radiografía de nuestro país, en medio de una contingencia inesperada. Antes del coronavirus, los problemas eran muchos y parecían graves. A partir de la llegada del enemigo invisible, todo se agravó, es decir, hoy estamos más comprometidos de lo que parecía un camino lleno de sombras y obstáculos insalvables.
La pobreza de un gran sector de la sociedad tan antigua como inexplicable, ha ido en aumento. El desempleo que era un temor, ahora se transformó en un reto capaz de sumar a muchos más afectados. La inflación es algo que ya no interesa, abatida por otros temores y el valor del dólar, no es cosa que le quite el sueño a la mayoría de los argentinos.
Eso demuestra que siempre se puede estar peor, aunque pareciera que ya no había salida y no queda otro remedio que enfrentar la situación. Existe, por fortuna, una capacidad de reacción. Además obligada por la cantidad de casos de ayer, superando el número de 300.
Ha existido una medida preventiva que ayudó hasta el momento, pero la tensión parece ir en aumento. Los casos del miércoles son 329 según la información oficial de anoche. El mundo sabe que el desafío es un gran interrogante. Solo emerge la esperanza y tal vez haya que reconsiderar si no hay que volver a tomar recaudos más allá de los tapa-boca.

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