-Por Gonzalo Ciparelli

Aunque está claro que ambas palabras son totalmente antónimos, quizás son sumamente necesarias si hablamos de la etapa de un duelo. La sinceridad para respetar nuestro estado de ánimo y la mentira para conseguir eficazmente sobrellevarlo.
Con esto, se presenta la idea de que quizás cuando estamos mal ante una pérdida y realmente no nos tomamos el tiempo, en el momento, para canalizar lo que realmente nos está sucediendo, en parte nos mentimos. Nos mentimos para buscar realizar actividades y así obtener algo de bienestar que ahora aparece como necesidad vital. A su vez, también debemos saber y tener en mente que, con esto, estamos tapando la angustia, consecuencia del duelo, intentando enfocarnos en algo más. Es una mentira necesaria para lograr no estar pendiente de ese desequilibrio, ya que, sea el grado que sea, el duelo provoca desequilibrio.
Como importante, se debe entender que la mente no olvida, solamente logra recordar distinto con el paso del tiempo; este último, importante para sanar y aprender. El problema es que cuanto más se posterga el duelo, más veces se va a seguir cometiendo ciertos errores y la angustia espontánea va a seguir haciéndose presente.
Con esto, por más que intentemos creer ajena esa angustia para no reconocerla propia, es importante entender que en algún momento vamos a volver a encontrarnos solos con nuestra mente, y ahí es cuando ésta nos va a recordar que tenemos algo pendiente: sanar esa angustia. La importancia del duelo, sea por el asunto que sea y el grado que sea, creo es tan necesario para verdaderamente entender, aceptar, y transitarlo, como también para que el tiempo en el que podamos volver a desear proyectos se acorte y sea menos abrumador. El duelo entonces, comienza cuando se logra aceptar que hay una pérdida, que puede ser afectiva, física o ambas, y también cuando realmente sentimos que no se va a volver a compartir momentos con ese alguien que cuando nos transitaba en el pensamiento, nos generaba bienestar, felicidad, lazo. Ahora, va a pasar a ser un recuerdo y nos va a generar melancolía.
También creo que hay duelos inconscientes, que tienen que ver con aquellos ocurridos en la infancia en donde dicho inconsciente en ocasiones seguro nos trae esa angustia de una forma u otra porque en la infancia no se logra procesarla correctamente, y de esto hay que aprender para saber identificarla quizás. Obviamente ninguna de las dos formas de afrontar una perdida llevadas al extremo son saludables; ni pensar tanto buscando repuestas a todo, ni buscar constantemente una distracción para olvidar que se tiene algo que aceptar y sanar.
Como en otras ocasiones, hay dos variables, y en el duelo se debe aprender a buscar el equilibrio entre la sinceridad y la mentira, para que el resultado sea el aprendizaje y el bienestar, principalmente mental.

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