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Un paladín del tango en Bragado, Edgar “Peco” Rubino

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-Por Néstor César Savalio

El tango es una expresión cultural viva y popular con más de 120 años de existencia en constante transformación. Su historia se funde con la argentinidad, está atravesada por las vicisitudes propias del país y sus habitantes. Así fue conociendo momentos de brillo y esplendor, también de los otros, sobrellevando desprecios, censuras y varias décadas de fría indiferencia.
Uno de ellos ocurrió desde fines del año 1960 y hasta principios de 1990, donde la música que nos identifica en el mundo se fue debilitando por múltiples razones. Las hubo políticas, económicas, culturales y sociales: la llegada de gobiernos de facto, la caída de ingresos de las clases medias, la desaparición o la avanzada edad de los referentes de la década de 1940, sumadas a los cambios en la composición musical, el surgimiento de nuevos ritmos, los intereses externos de índole cultural y económica, sin olvidar la casi recurrente incuria nacional en la protección de nuestro patrimonio cultural.
La sumatoria y el conjunto de lo expuesto, dio como resultado una retracción generalizada, las grandes orquestas se fueron disolviendo y transmutaron a tríos o cuartetos. Lugares emblemáticos bajaron sus persianas y se fueron para siempre. Muchos músicos y cantores continuaron carrera como solistas, o probaron suerte en otros géneros; la “típica” fue perdiendo lugar en el escenario hasta desaparecer.
La crónica que antecede describe el contexto, el ambiente y los años en que desarrolló su actividad la persona que hoy nos ocupa. Se trata del cantor y difusor bragadense Edgar RUBINO, “Peco” para los amigos, que nació un 2 de Junio de 1926 y cuyo nombre real era Edgar Juan Pecorelli.
A principios de 1950 comenzó su carrera artística transitando un camino de ida donde prontamente y para siempre quedaría abrazado a una pasión, seguramente cautivado por esa extraña magia que genera el tango y que sólo comprenden aquellos que se han cruzado con su encanto…
La noche que por vez primera subió al escenario del Club Americano y se situó frente al micrófono “shure” carcasa de metal, le temblaban las manos. No era para menos, el salón estaba colmado y las miradas se posaban en aquel elegante joven que vestía smoking negro, moño, y blanco clavel en el ojal. Por si fuera poco, lo hacía como vocalista en el afiatado sexteto del bandoneonista Norman Steiman, de acreditada esencia tanguera: Comenzaba esa noche un vínculo que los mantendría juntos por varios años.
El paso de los años y su extensa trayectoria lo llevaron por varias agrupaciones típicas, incluso en concordancia con los solistas populares de la época. Llegó a tener su propia orquesta que supo dirigir el multi instrumentista y reconocido músico de Chivilcoy, Don Gaspar López. Eran aún años gloriosos para el tango Argentino, especialmente en el interior bonaerense.
-Las presentaciones y los bailes se sucedían sin descanso, con una larga reserva de contrataciones para animar bailes, fiestas y hasta casamientos en Bragado, la zona y los Cuarteles.
Mientras tanto, a la par transcurría su vida personal. Ingresó a trabajar en la Dirección General de Impuestos y formó una familia tomando por esposa a la joven Ernestina Calderoni (Nena), que resultó ser una compañera incondicional, un alma fundamental tanto en su vida privada como en la artística. De esa unión llegaron dos hijos: Pablo y Carlos, quienes hoy también están ligados a la música.
Edgar era un hombre inquieto y lleno de sueños; eso lo llevó a presentarse en las radios de Capital Federal, actuando en Splendid, Del Pueblo, Belgrano y El Mundo entre otras; se hizo del ambiente vinculándose a los grandes referentes del momento. Eran tiempos de la radio en vivo, con orquestas y músicos estables, cuando aún la televisión no existía masivamente y la familia puntualmente se reunía alrededor de los luminosos aparatos a lámpara o aquellos primeros transistores de mayor fidelidad, para escuchar sus programas preferidos.
Algunas emisoras poseían “Salón auditorio” donde el público, previa reserva, podía asistir a la actuación de los artistas, quienes solían interactuar con sus admiradores entregando fotos y firmando autógrafos.
Hacia fines de 1960 se siente progresivamente el declive del tango. Edgar buscó la manera de seguir defendiendo la música que llevaba en el corazón. De tanto transitar las radios había acunado la idea de incursionar con un programa propio, así fue que en el año 1964 surgió al éter por LR4 Radio Splendid, con “Brindis de Tango”, con el auspicio de Vinos “El Sueño”, la fraccionadora y distribuidora de la firma Ripari, Quadrini y Cia. de Bragado.
-Luego pasó a LR1 Radio el Mundo, donde cumplió 10 años con la audición, viajando cada semana a la Capital para hacer el programa. Las exigencias a las que sometió su voz por las constantes actuaciones sumadas a la actividad radial, le cobraron una afección que lo alejó un buen tiempo del público.
Pasados los problemas de salud regresó al ruedo, pero ya desde Bragado, volvió a cantar y también a hacer su programa que se emitía por Radio Santa Rosa. Dentro de los difíciles momentos que vivía el tango nunca se amedrentó. Era un incansable impulsor, siempre estaba planificando o participando de eventos ya fuera en el Club Español, en el Teatro Constantino, en el Racing Club, festejando el Día del tango, organizando viajes a Capital Federal para actuar en la esquina Homero Manzi, o en el Café Tortoni, donde se presentó en varias oportunidades.
Cuando la señal de la televisión se extendió al interior bonaerense se lo pudo ver desde Bragado participando en programas capitalinos como “Pentagrama Musical”.
Allá por el año 2005 me encontraba visitando “La Cumparsita Tango Bar”, un emblemático espacio tanguero ubicado en la esquina de las calles Balcarce y Chile de la Capital; compartía mesa con un gran bandoneonista amigo Hugo Pagano que actuaba allí. Esa noche me presentó a un colega y cuando le manifesté que era de Bragado, me interrogó: ¿Lo conoces a Peco? Era Osvaldo Cabrera, fuelle por muchos años de Alfredo De Angelis, que luego formara su propia orquesta con la que acompaño a Edgar Rubino en muchas oportunidades.
También llegaron al disco, con los tangos “Dichas Pasadas” (G Barbieri) , “Canción a la Madre” (de los albertinos Roberto Prando y Mario del Mar) “Un tango para Carlos Gardel” (de Tito López y Héctor Larrea) y la Milonga “Cimarrón de ausencia” (Lorenzo y Robles), para el sello Azul, una discográfica chilena.
Nuestro compueblano en su dilatada carrera siempre fue acompañado por figuras de primer nivel como José Libertella, Walter Ríos, Orlando Trípodi y el trío (que sonaba como una orquesta) de Alberto Caracciolo, un preferido de los cantores por su solvencia musical con quién se presentó muchas veces en radios.
En consideración a su trayectoria en 1992 fue invitado por la Casa de la Provincia de Buenos Aires para participar de “La Semana del Tango” en la Habana- Cuba, integrando un elenco entre los que se encontraban el notable bandoneonista Walter Ríos y el recordado cantor Oscar Ferrari.
Con su impulso característico junto a un grupo de amigos constituyó una peña llamada “El Gotán” que instaló en su propia casa de calle Núñez al 300, estableciendo un gratificante motivo para confraternizar y en donde los duendes del tango se expresaban con voces e instrumentos.
Los que hemos vivido aquellos momentos aún guardamos el recuerdos de su emotividad sincera, cuando le era difícil contener algunas lágrimas al interpretar tangos del calibre de “Como se pianta la vida” del cantor y músico Carlos Viván, u otras obras sensibles al corazón, tal vez presagiando el final de una etapa.
El tango todo, pero particularmente el de Bragado, le debe mucho al querido “Peco”, que partió en gira eterna un 12 de marzo de 2009. Y si hoy se lo sigue recordando es justamente porque supo ganarse el cariño del público, de sus amigos y colegas de la mejor manera, en base a generosidad, respeto y amor.
Fue la llama ardiendo aún en la tempestad, la luz encendida esperando el amanecer que un día llegó ¡y aunque El ya no estaba entre nosotros, seguramente desde una estrella tanguera sonreía feliz al contemplar que tanto esfuerzo valió la pena!

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