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Una tortuga, un Quijote, un jugador mundialista: los monumentos bonaerenses más insólitos

Las estatuas en la provincia no siempre homenajean a un político o a la Madre. En muchos casos se esconden historias singulares o tributos a personajes poco convencionales.

Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB.

Han pasado muchas cosas en la provincia de Buenos Aires. Su territorio es extensísimo (por sí sola supera a casi todos los países de Europa) y tiene una historia muy rica. Muchos de esos acontecimientos dejaron huella en la forma de monumentos y estatuas, algunos muy notables como el de la Vuelta de Obligado, en la actual localidad de San Pedro, o los que recuerdan fundaciones de ciudades como la Piedra Fundamental de La Plata. Pero hay construcciones de este tipo que no son tan conocidas o tienen una historia singular. Todas ellas, eso sí, aportan su cuota de misterio y extrañeza a los puntos importantes de la provincia.
Este viaje por Buenos Aires empieza con otro viaje. María Elena Walsh escribió que Manuelita “un día se marchó y a París ella se fue”. ¿De dónde se marchó? De Pehuajó, la ciudad del noroeste bonaerense que muchos conocen por la canción del disco “Doña Disparate y Bambuco” (1962). La cuestión es que ya en los ’70 se pensó en inmortalizar a la tortuga pero los proyectos no cuajaron. Recién en 1980, a partir de la “Semana de Manuelita”, el fanatismo de los pehuajenses por el personaje llevó a que el intendente Julio Rodríguez pensara en la creación de un monumento para que todos los que pasaran por Pehuajó vieran a la tortuga. Así, convocó al escultor Joaquín Llanos y se definió la construcción del monumento sobre la Ruta 5 en el ingreso a la ciudad. La estatua se hizo tan popular y convocaba tanta gente que en 2001 debió ser desplazada al lugar que actualmente ocupa, sobre Ruta 5 y muy cercano al acceso del Aeródromo Pedro Zanni.

Cervantes de la basura
Ahora el recorrido por la provincia en busca de monumentos deja al curioso en Azul, localidad conocida por las obras de Francisco Salamone pero también por ser sede del Festival Cervantino. Esto ocurre desde 2007, ya que allí, en el corazón de la provincia, se aloja una de las mayores bibliotecas dedicadas a la obra del autor del Quijote de la Mancha del mundo, creada por el abogado Bartolomé J. Ronco y luego donada al municipio. Ese mismo año se inauguró el grupo escultórico del artista Carlos Regazzoni que representa a los protagonistas de la inmortal novela: Don Quijote de La Mancha y su caballo Rocinante, Sancho Panza y su burro, Dulcinea del Toboso y el galgo corredor. Lo interesante es que las figuras están realizadas bien al estilo Regazzoni, con materiales en desuso como partes de autos, motos, colectivos, camas y envases.
A unas dos horas en auto de Azul está la ciudad de Saladillo, sobre la Ruta 205. Allí, bien visible desde el camino, se emplaza un monumento bastante nuevo y también bastante peculiar. Saladillo decidió homenajear a su vecino más famoso –honor discutido con “Pirincho” Cicaré-, el exfutbolista Julio “el Vasco” Olarticoechea, campeón del mundo en 1986 con la Selección argentina. La obra, en el cruce con la avenida Moreno, representa la camiseta 16 con que la que “el Vasco” disputara tantos partidos internacionales. Se trata de una escultura metálica creada por el artista local Germán Wright, que afirmó en una entrevista: “Fueron muchos los clubes por los que transcurrió la vida futbolística del Vasco, y seguramente cada período merece un reconocimiento. Pero nada lo identifica tanto como la camiseta celeste y blanca de la selección con la estampa N° 16”. La ciudad ya tenía una placa en su casa natal y creó un paseo con su nombre, pero un amigo del exmundialista quiso hacerle un homenaje más notorio y así nació este monumento inaugurado en 2016.

Un rostro frente al océano
Como la canción de Serrat que afirma “dejé los montes y me vine al mar”, es preciso abandonar el campo y dirigirse hacia la rocosa costa de Mar del Plata para encontrar uno de los tributos menos conocidos para una figura que, sin embargo, es famosa en todo el mundo. Se trata de Florentino Ameghino, llamado el primer gran sabio nacional aunque al parecer no nació en nuestro país. Creó la teoría de que el hombre había nacido en América y desde allí se dispersó hacia el resto del mundo y dirigió los museos de Ciencias Naturales de La Plata y Buenos Aires. En “la Feliz” lo recuerda su rostro tallado en piedra ubicado en Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos y 3 de Febrero, sobre el actual Paseo Dávila. La escultura fue creada por Rafael Radogna en 1936, cuando se cumplían 25 años de la muerte del científico. Se inauguró el 29 de noviembre con la presencia del intendente municipal José Camusso, el director del Museo de La Plata, Joaquín Frenguell, y el gobernador Manuel Fresco.
Ameghino también forma parte de otro monumento de esta lista: el de los Cinco Sabios en el Bosque de La Plata. Su busto vigila severo a los paseantes junto a los de Alejandro Korn, Juan Vucetich, Almafuerte y Carlos Spegazzini. El primero fue filósofo, Vucetich es el creador del sistema de identificación por las huellas digitales, Almafuerte fue poeta y docente y Spegazzini destacó en las ciencias naturales. El monumento, nacido de la mano de Máximo Maldonado hacia 1942, tiene su cuota de extrañeza y parece un altar pagano. El escultor también es autor de un estremecedor Mural de la Redención en el cementerio platense, en el que un ángel toca la trompeta anunciando el juicio final y fue recordado el año pasado cuando muchos decían oír sonidos extraños en el cielo.
Esta lista de monumentos extravagantes quedaría incompleta sin mencionar las al menos tres esculturas en la provincia de Buenos Aires dedicados al mate: una está en Pontevedra, en el partido de Merlo, al oeste del Conurbano, y fue construida en 1974. Bragado alberga su propio homenaje al mate, creado por vecinos del barrio Villa Elba. Y finalmente, otra escultura de mate y bombilla sorprende a los automovilistas en el límite entre Avellaneda y Quilmes, el llamado Triángulo de Bernal.
Las esculturas que acompañan los portales de cementerios creados por el ya mencionado Francisco Salamone pueden ser asombrosas, pero no son las únicas en la provincia de Buenos Aires que pueden impresionar a los, muchas veces, boquiabiertos espectadores.

Fuente:(DIB) MM

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