Press "Enter" to skip to content

Yanina Faccio investigó la historia de Olascoaga con dos relatos bragadenses

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

-Las fábricas que recibían leche de los tambos –Los tiempos de La Barrancosa, con los bailes y el fútbol

Yanina Faccio es Becaria doctoral en Antropología Social y junto a Paula Yacovino, están realizando una investigación sobre la historia de Olascoaga. Durante el proceso, realizaron una entrevista a Calixto “Coco” Suárez y a Delia González, quienes vivieron en el Cuartel durante mucho tiempo.
Coco desarrolló su trabajo en Olascoaga: “Yo trabajaba en la Tamberos Unidos. Entonces las otras fábricas se habían disuelto, que eran la Santa Brígida y la River Plate. Y mientras tanto seguían ordeñando y alguien tenía que recibir la leche. Esta fábrica todavía no estaba instalada y la otra que quedó en el terreno del ferrocarril estaba más atrasada. Entonces mandamos la leche.
Las otras fábricas industrializaban toda la producción que recibían. River Plate hacía todo el dulce de leche y la Santa Brígida descremaba toda la leche, leche sin materia grasa que como alimento no sirve. Pero en un proceso que se guardaba en tanques y después se iba haciendo caseína.
Con un suero más viejo que ese que ya ha levantado una acidez importantísima, mezclábamos en ese suele ácido, con la leche descremada, se cortaba por la acidez, ya cuando ponías la mano así ya se cortaba la leche, en un gran recipiente de madera con unos tablones arriba. Y el trabajo era que había que revolver esa espuma que iba quedando y que iba quedando una capa.
Todo eso se dejaba una vez que se terminaba la leche. En otro recipiente guardábamos suero para que al otro día o a los dos, tres días estuviera ácido. Entonces eso que quedaba en la pila grandísima se sacaba con pala. Y había un aparato que era una prensa. También con madera. Yo a veces pienso: “!qué cosa, cómo se arreglaban sin el material plástico!”.
-Impresionante: Era todo madera y hierro. Y la caseína se prensaba, largaba todo el suero y quedaba ya una masa más o menos armada. Esa masa la íbamos guardando y al mismo tiempo pasando con un secador con vapor. -El vapor se calentaba, el recipiente iba secando. Salían granos, granitos, sin forma, deformes. Y, si no, para no gastar tanto vapor, cuando había buen sol y había buen calor, húmedo todavía, esa masita se ponía en bastidores, con un armazón de madera y un lienzo bien livianito. -Cubríamos todo el lienzo, sin mucho espesor porque, si no, no se secaba. Y lo poníamos en una playa así de bastidores. Y cuando ya estaba seco lo embolsábamos. Lo mismo que sacábamos del secador a vapor también lo embolsábamos. Se estacionaba en un galpón. Después, cuando pasaba la temporada porque la estación iba mermando, se vendía y era una plata, una plata guardada en bolsas.
-Y tenés que ver la empresa cómo se fortalecía económicamente. La caseína era para hacer peines, botones. Principalmente botones. Y decían: “Qué lindo, es de hueso…”, pero no, era de caseína”.

-PAULA: Les quería preguntar, a los dos, si en toda la época de Olascoaga, iban a La Barrancosa, a los bailes…
-Coco y Deli: ¡¡¡Ah, sí!!!
-Paula: Si nos cuentan un poco
-Coco: Yo calculo que en La Barrancosa debe haber habido unas 40, unas 50 casas.
-DELI: Decir La Barrancosa es decir los bailes… ¡ay, ¡qué hermoso! Se juntaba muchísima gente. Pero no era un salón…
-Coco: Las paredes eran como de rancho, eran de barro y paja hasta cierto punto. Sin techo. Con palos de acacio atravesados; ponían una bolsa de arpillera. Lienzo hecho de bolsas de arpilleras cosidas una con otra. Pegado al salón de baile, un hueco, sin ventana. Detrás el arco de la cancha de fútbol. Para llamar la atención hacían el partido de fútbol, desafiaban. Un equipo de Naón, por ejemplo, venía. Venían 30 bailarines de Naón. De Comodoro Py. De Asamblea. De Bragado. Nueve de Julio. De Dennehy. De todos lados venían. Ese salón se llenaba…. El piso de todo alrededor, los pisos eran de arena; los patios de tierra. Así que todos los bailarines llevábamos la tierra adentro del salón. Terminaba el partido a las cinco y ya estaba la música del baile. Había una bomba, uno le bombeaba agua al otro para refrescarse a los jugadores. Y ya tipo siete de la tarde, a las dos horas, corrían con un palo, desataban la lona, corríamos y salías afuera y era como una nube roja… La arena volaba. Más el humo, que había una parrilla como de acá a la puerta, una parrilla llena de chorizos, despachando…
-Deli: Y los bailes de carnaval…, ¡ja!
-COCO: sábado, domingo, lunes y martes, y después sábado, domingo, tres fines de semana más…
-Coco: Porque nosotros estuvimos hasta el ´68 y ya no hacían me parece.
-Paula: ¿Y en esa época había casas?
-Coco: Sí, y la mayoría eran indígenas. Eran mapuches. Pero vos sabés que éramos todos amigos. Porque ellos venían a hacer las compras. Algunos venían con la leche a la fábrica, ordeñaban. Venían a la carnicería, a la panadería, lo principal. Y todos amigos. Íbamos a La Barrancosa, yo iba a jugar fobal (sic). Inclusive yo integré alguna vez… Porque nos desafiaron de Asamblea y ahí me preguntaron “Coco, ¿no querés venir a jugar?, ¿cuánto cobrás?” y yo “¡qué les voy a cobrar!”. El único beneficio cuando vine a Bragado es que me pagaban el boleto. Pero ya solo con que te pregunten “¿qué número calzás?”. Te daban una bolsita con el número, en el vestuario. Era como estar en la Bombonera, en el Monumental…

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin