A 50 años del tornado más grande de Sudamérica

– Arrasó con un pueblo de Santa Fe y dejó 63 muertos

Una pequeña ciudad de Santa Fe se convirtió en el epicentro de uno de los eventos naturales más bestiales ocurridos fuera de los Estados Unidos: en 1973, un tornado categoría F5 en la escala de Fujita, causó destrozos inimaginables en la localidad de San Justo. Según datos oficiales, se registraron 63 muertes, más de 200 heridos y pérdidas materiales multimillonarias.
Los indicadores de fenómenos parecidos en la región recién databan de fines del siglo XIX, por lo que no se esperaba que pudiese ocurrir una situación de esa magnitud. El 10 de enero de aquel año había sido una jornada calurosa, y cerca del mediodía, los vecinos habían visto pasar diversas nubes denominadas como torrecúmulos, que son formadas por masas de aire cálido. Una hora después, con una alta humedad, comenzaron los chaparrones aislados, aunque la inestabilidad era evidente.

Tornado en San Justo: los destrozos sin precedentes
Ya a las 14, algunas personas empezaron a notar un olor extraño, similar al del azufre; el evento se generó apenas 15 minutos después en las inmediaciones de las vías del ferrocarril General Belgrano. En 60 segundos, llegó a la máxima categoría: en base a las informaciones recabadas por los científicos; se afirma que las columnas son capaces de devastar todo a su paso. Incluso, la energía es muy parecida a la que emiten las bombas atómicas.
La tromba se desplazó 1500 metros hacia el sur y provocó un caos en un ancho de 300 metros, el equivalente a una cuadra de cada lado de la calle. Además, succionó casi por completo el agua de una laguna cercana. Los estudios que se realizaron tiempo después permitieron dilucidar que el tornado duró siete minutos, pese a que pareció una eternidad. Algunos de los residentes entrevistados aseguraron que la tierra “temblaba como si un avión hubiese aterrizado sobre las casas”.

Los destrozos causaron pérdidas económicas de millones de pesos.

En principio, el fenómeno tomó un color violáceo, pero al llevarse puestos varios ladrillos, se tornó rojizo. Un auto que estaba estacionado apareció ya como chatarra, y sin el motor, a 300 metros del lugar donde estaba frenado; otro carro para reparto de soda sufrió un hecho similar, aunque el caballo que lo remolcaba sobrevivió insólitamente tras caer en la copa de un eucalipto.
Otro remolque fue encontrado hundido en una zanja de dos metros de profundidad. Una de las personas que fue testigo de la escena aseguró que, gracias a que la mayoría de las personas estaba durmiendo la siesta en sus casas, el resultado no fue aún más trágico: “Yo creo que si esto hubiera ocurrido dos horas después, estábamos hablando de más de 100 fallecidos. No estaba trabajando casi nadie”.

-Una vez que el tornado se disipó, los vecinos se organizaron rápidamente para ayudar a los damnificados a pesar de que las lluvias continuaron durante una hora más. En los pasillos de entrada de la estación de Policía principal establecieron un corredor para colocar los cuerpos de las víctimas con el objetivo de que las familias pudieran identificarlos: lo mismo se hizo en el Hospital de San Justo.
La gran mayoría de las muertes habían sido provocados por fracturas múltiples, aunque también hubo casos en los que los fuertes vientos arrojaron objetos contundentes que golpearon a las personas. Los cadáveres estaban manchados de marrón, por la sangre mezclada con tierra. Cerca de 2000 ciudadanos se quedaron sin hogar, se cortaron los servicios de radiocomunicación y el impacto fue brutal. Hace 50 años, se produjo el tornado más grande de Sudamérica.

El tornado fue de la categoría más alta posible en la escala.

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