Por Gonzalo Ciparelli

Parte de una frase es cierta y es aquella donde se menciona que lo material no trae felicidad. Digo parte porque por un lado es cierta pero por el otro puede ser algo errónea si profundizamos un poco en esto. Por un lado, todo lo que compremos y/o tengamos materialmente no nos va a traer esa felicidad que nos dan realmente los buenos momentos compartidos con personas que nos generan satisfacción, seguridad, confianza; y que generan así, constantes ganas de relacionarnos y volver a ver. Puede ser familia, amigos, pareja, o cualquier ser humano que nos brinde lo antes mencionado.
Quizá lo material no hace más que llenar cierto orgullo en nosotros mismos por haberlo logrado; y lo que causa real felicidad es el compartirlo con las personas antes citadas.
Entonces frente a esto, lo material genera cierta felicidad real si se trata por ejemplo de esa casa de nuestros abuelos que hoy ya no están y nos recuerda a nuestra infancia y esos momentos felices que vivimos bajo ese techo, o esa pertenencia también material que guardamos como un tesoro de quien hoy ya no está y sin embargo, cuando la vemos nos trae cierto recuerdo alegre vivido con la persona, y ahí es donde se encuentra la felicidad en lo material.
En definitiva lo que quizás se debe entender, es que lo material trae felicidad plena, solamente cuando forma parte de un hecho pasado que trascendió y nos genera felicidad resentirlo, volver a vivirlo en nuestra memoria teniéndolo siempre latente, dándonos motivos para seguir avanzando en lo que nos propongamos.

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