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El crimen de Azucena: un piedrazo absurdo contra un colectivo que arruinó una familia

Hace 25 años, un hombre discutió con un colectivero y le tiró una piedra. Pero el golpe lo recibió una joven, embarazada de 8 meses. Ella murió y su beba logró sobrevivir. Lo condenaron por homicidio.

El crimen de Azucena: un piedrazo absurdo contra un colectivo que arruinó una familia

El domingo 6 de abril de 1997, Sergio Alejandro Palomo y Azucena Beatriz González, de 19 años y que cursaba un embarazo de 8 meses, subieron al colectivo de la línea 169 en Pablo Podestá, una localidad del partido de Tres de Febrero. Eran alrededor de las 20.30 cuando el joven matrimonio iba rumbo a una pizzería del partido de San Martín a pasar un buen rato con una pareja amiga.
Todo marchaba dentro de lo planificado hasta que un poco más adelante, un grupo de personas subió al colectivo. Uno de ellos, Juan Carlos Fara, apodado “Rambo” por sus amigos, no tenía monedas para viajar y le pidió al colectivero que le cambie un billete. El chofer no quiso y lo obligó a bajar del rodado. Tras una discusión, aceptó hacerlo. Pero algo quedó dando vuelta en su cabeza.
Molesto, Fara, de 24 años, tomó una piedra y la arrojó contra el colectivo que se estaba yendo. La tosca de casi dos kilos impactó contra una ventanilla y dio en la cabeza de Azucena, quien viajaba en la última fila con su esposo y amigos. Fueron minutos de incertidumbre, de gritos, y pese a que fue llevada de urgencia al hospital, la joven murió minutos después. Aunque tras someterla a una cesárea mientras estaba en estado de coma profundo, los médicos lograron salvar a la beba. Nació prematura, con 2 kilos, pero con el tiempo se recuperó y hasta estuvo en el juicio en el que se condenó al homicida de su mamá.

Minuto trágico
El hecho, del que se cumplen 25 años, conmovió a la opinión pública en ese momento. Si bien muchas de las miradas estaban puestas en la detención de la banda que había matado meses atrás al fotógrafo José Luis Cabezas en las cercanías de Pinamar, el caso de la joven ganó espacio en los canales de TV y en las páginas de los diarios.
Según contó horas después del hecho Palomo, quien era repartidor de diarios, tuvo que llevar él junto a sus amigos de urgencia al hospital a su mujer debido a que el chofer se preocupó más por el daño del colectivo que por asistir a la víctima. Sin embargo, la Justicia entendió que el colectivero estaba shockeado por todo lo vivido y no tuvo la sapiencia necesaria para volver al colectivo y llevar a Azucena al nosocomio y ganar tiempo.
Tras ser detenido, Fara confesó que tiró un cascote de hormigón armado contra el interno 13 porque estaba enojado. Discutió con el colectivero que no le cambió el billete y tampoco lo dejó viajar. Fue entonces cuando tomó la piedra y la tiró contra el colectivo que ya había iniciado la marcha. El impacto rompió la última ventanilla del lado derecho y dio en la cabeza de Azucena, la menor de 12 hermanos.

La condena
En abril de 1999, dos años después del incidente, Fara llegó a juicio. Y el debate estaba entre si se lo consideraba culpable de homicidio simple, un delito que supone la intención de matar y tiene una pena de entre 8 y 25 años, o un homicidio culposo, que implica que la muerte es consecuencia de imprudencia o negligencia y le cabe una pena de entre 6 meses y 3 años. Es decir, en este segundo caso el acusado no quedaría detenido.
Sin embargo, los jueces de la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de San Martín establecieron la calificación de homicidio simple y consideraron que Fara actuó con dolo eventual. Esto es, que el hombre era consciente al momento de arrojar la piedra de que podría ocasionar daños no sólo al colectivo sino también a los pasajeros.
Como suele pasar en estos casos, la sala estaba dividida entre los familiares del acusado y de la víctima. Fara, imperturbable, escuchó los argumentos de su condena. Solo cuando dijeron que era de 9 años, agachó la cabeza, se secó unas lágrimas y siguió con su mirada hacia el piso. Luego fue trasladado a la cárcel de Olmos, donde siguió sus días.
La familia de la víctima, entre abrazos y llantos, se retiró de la sala. Entre ellos estaba la pequeña hija de 2 años. Según contó en ese momento una hermana de Azucena, ella quería una hija mujer, aunque murió sin saber que había tenido una nena.

Fuente:(DIB) FD

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