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Este Cuento, que te Cuento, no es Cuento

Había una vez, un pueblo con habitantes felices, más o menos felices e infelices. No todos al mismo tiempo y, además, se iban turnando para tener los distintos estados de ánimo, según lo que le ocurría a cada uno.
Los gobernantes se preguntaban ¿Qué podríamos hacer para que todos estén siempre felices.
Bien sabido es que los gobernantes hacen todo lo posible y algunas veces, lo imposible, para brindarle felicidad a su pueblo.
Luego de muchos intentos, decidieron convocar a un plenario de notables, todos habían pasado por la Universidad, lo que aseguraba el éxito para lo que ellos propusieran. Fue así que conformaron una comisión y decidieron confeccionar un Plan Urbano Ambiental. Allí se establecería todo lo que los habitantes iban a poder hacer según el lugar donde vivían. Con
este plan regularían todas las actividades. En ese centenario pueblo, ya convertido en ciudad, harían una ciudad ideal. Nada quedaría librado al azahar. Se dividiría el pueblo en zonas y cada una de ella estaría destinada a viviendas, comercios, industrias. No importaba si en el lugar
destinado a viviendas ya había comercios o viceversa. Lo importante era que todos fueran felices y seguro que de esa forma lo lograrían. Fueron más lejos aún, establecieron que la zona céntrica ya no se podía dividir los terrenos con un frente menor a 15 metros. No importaba que en la provincia que regía los destinos de ese pueblo había una ley que facultaba a dividirlos en 12 metros de frente, ni que ya estaban casi todos los terrenos divididos y que, si había alguno que aún restaba fraccionar, pondría al propietario en estado de discriminación,
ya que el de al lado pudo y él no.
-Con el código terminado, el gobernante de turno, no terminaba de ponerlo en vigencia, ya que, de esa manera, algunos pobladores podían seguir haciendo las actividades que, según el papeleo, no se podía. De puro malo, nomás, para que no fueran totalmente felices. Pero el 5
de diciembre de 2015, el gobernador de esa provincia firmó el decreto que haría felices a todos los habitantes.
-Cierta vez, un señor se presentó ante las autoridades, reclamando que en el año 2007 había comprado un terreno, para lo cual había que dividir al existente en dos de doce metros cada uno. Los trámites de escrituración del terreno original, habían finalizado en abril de 2018, porque quienes se encargaban de las distintas regulaciones, ya fueran municipales o
provinciales, se tomaban su tiempo, pensando también en hacer felices a la gente, pero ahora, con las nuevas regulaciones ya no podía dividir el terreno en dos de doce metros porque ahora el mínimo era de quince.
-Los funcionarios le dieron la solución: podía dividir por P.H. que, en la jerga de los eruditos, significa Propiedad Horizontal. Este señor le replicó que el trámite le saldría más caro y más engorroso. La respuesta que obtuvo fue que era la única manera. Entonces él insistió
preguntando ¿para qué habían establecido que no se podía dividir según la ley de la provincia y si por P.H.? ¿Dónde estaba la razón? Si finalmente habría dos unidades de vivienda. Le explicaron de muchas formas, pero este señor no podía entender. ¿Saben por qué no entendía? Porque era un triste ciudadano y no podía alegrarse por la maravillosa tarea que había desempeñado el grupo de iluminados gobernantes.
Y colorín colorado, este cuento no ha terminado…

Por G. Noal.

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