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Julio del ’47: cuando los cielos bonaerenses se poblaron de platos voladores

Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB.

A solo dos años de terminada la Segunda Guerra, comenzaron a aparecer luces en el firmamento en todas partes. En nuestro país el primer plato se vio en La Plata… y todo julio fue un espectáculo.

Julio del ’47: cuando los cielos bonaerenses se poblaron de platos voladores

1947 fue un año muy convulsionado. La Segunda Guerra Mundial, con sus atrocidades atómicas y despliegues de cruces gamadas, estaba muy cerca en la memoria, mientras nacía un nuevo horror: la Guerra Fría. Y al tiempo que el mundo occidental intentaba reconstruirse, algo empezó a surcar los cielos. Luces, objetos de formas y colores inusitados, de día o de noche, solos o en grupo. A fines de junio esas luces recibieron un nombre: “platos voladores”. Los vieron asombrados ojos en todo el mundo. Y el 11 de julio de 1947, los platos voladores se instalaron en Argentina. Fue en La Plata, a eso de las ocho y media de una noche inolvidable. Enseguida pareció que se hubieran abierto las puertas de las estrellas, y día tras día de ese mes se reportaron avistajes de platos (todavía no se conocía el acrónimo ovni). Si el primero fue en La Plata, la mayoría de los que se vieron ese mes aparecieron en la provincia de Buenos Aires. Así comenzó lo que años después se conocería como la Gran Oleada de 1947.
El primer diario que informó lo que había ocurrido en la capital bonaerense fue El Plata del 12 de julio. El titular, en mayúsculas y cruzando toda la página, fue “IRRADIANDO VIOLACEA LUZ APARECIO EL PLATO”. Así, en singular, el plato. Se leían dos subtítulos: “La Plata tiene la primicia sudamericana de haber observado nítidamente el fenómeno” y “Posase antes de desaparecer sobre un naranjo de 56 y 25”. “La irradiación violácea del famoso plato y su desaparición subrepticia a los quince minutos de haber aparecido conformaron un espectáculo de magia en el artilugio de una noche invernal”, escribió el inspirado cronista, tan pasmado como los testigos de la esquina cercana al parque Vucetich. El Día, por su parte, publicó el 13 una nota sobre “Los que vieron el primer plato”, que aseguraron que “no fueron víctimas de ninguna ilusión óptica”.
El Día, además, cita el testimonio de un hacendado que el 7 de julio habría visto otro objeto en su chacra de las afueras de La Plata. Ese sería entonces el primer caso… pero quedó perdido detrás de la fama que tuvo el objeto “de violácea luz” del 11. Tal es así, que en 2017, al cumplirse 70 años del caso de 56 y 25, la Fundación Argentina de Ovnilogía puso una placa como homenaje en el citado parque Vucetich, o San Martín.

“No fue una alucinación”
A partir de ahí, como suele decirse, los acontecimientos se precipitan y los platos son vistos en todas partes. Los cielos de la provincia de Buenos Aires, al parecer, fueron los favoritos.
Ya al día siguiente del caso de La Plata se reportó otro en 25 de Mayo. La Policía de esa ciudad le dijo a El Argentino, otro diario platense, que “mientras se encontraba de recorrida por las afueras de la localidad, el agente de policía Ramón Díaz había visto un objeto redondo que volaba a gran altura y despedía una extraña luminosidad rojiza”.
El 18, en tanto, un policía de Balcarce vio a eso de las 6 un “misterioso disco rojo y destellante”. Llamó a sus compañeros y pudieron contemplar con los ojos cargados de fascinación una “bandada” de unos 50 o 60 discos que volaron hacia el sur. “Está descartada la posibilidad de que lo visto en Balcarce sea pura alucinación de unos agentes con sueño”, afirmó una nota de Clarín al día siguiente.
Mientras que el 20, en Olavarría, varios testigos observaron un cuerpo circular a las seis de la tarde que se movía en zig-zag.
El 23 de julio un disco, con la particularidad de tener una cola roja como un cometa, fue visto en Punta Alta. Ese mismo día dos marineros le aseguraron a La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, que observaron uno de esos “discos andariegos”. “La cuestión de los platos voladores se está poniendo de moda”, señaló el diario con certeza.

Julio del ’47: cuando los cielos bonaerenses se poblaron de platos voladores

Partido detenido
Al día siguiente, unos amigos jugaban al fútbol en Sierras Bayas cuando pararon el partido para contemplar “el paso de lo que inicialmente creyeron que era un avión. Descartada esa posibilidad, coincidieron en que se trataba de un plato volador, del que tanto habían leído”, contó El Popular.
Ese mismo 24 un paisano de Pehuajó, Juan Arigues, afirmó que vio “un plato que volaba a unos 60 metros de altura, de coloración clara, con reflejos eléctricos”.
Y en Bahía Blanca, poco antes de la medianoche, un hombre llamado Juan Domingo Calabresi estaba trabajando en una quinta cerca del cementerio cuando oyó un zumbido “que sonó súbito como la noche de la morte” (sic). Alzó la vista y vio 13 platos voladores que marchaban hacia la ciudad.
El último caso del mes tuvo lugar en Mar del Plata. El domingo 27, a la una de la madrugada, dos pescadores vieron en el horizonte, mar adentro, “una extraña fulguración, que avanza hacia la costa a gran velocidad y se transforma, vista desde más cerca, en una masa ígnea, compuesta por grandes discos que giran vertiginosamente”. Esos objetos cambiaron de dirección y se dirigieron hacia la zona que ocupaba la Escuela Antiaérea (hoy, Agrupación de Artillería Antiaérea). Allí, los discos fueron vistos por dos soldados, quienes aseguraron que los vieron seguir rumbo a Balcarce.
Y la Gran Oleada de Argentina, que también tuvo casos destacados en otras provincias como Córdoba, Salta y Jujuy, prácticamente se detuvo. Solo se registraron pasos de platos voladores en Río Cuarto, Córdoba, en agosto y en Capital Federal en octubre.
No obstante, ya se había instalado en el país el gran enigma: ¿qué son los “platos” y por qué aparecen? Las hipótesis iban desde armas secretas de las superpotencias -algo lógico a menos de dos años de Hiroshima-, a globos “aerológicos” y la inevitable psicosis colectiva. 75 años después, si bien las explicaciones se han sofisticado y se habla de la vinculación del fenómeno con la mente del testigo, el enigma continúa. Y en Argentina, el misterio comenzó en la capital bonaerense, una fría noche de invierno, sobre la copa de un naranjo.

Fuente: (DIB) MM

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