-Por Gonzalo Ciparelli

Lo más probable es que si hablamos de madurez, cada persona en base a su edad pueda dar su concepto, y a su vez, lo irónico, es que la madurez para nada se relaciona con la edad, a mi entender claro. Conscientemente, todo ser humano desea seguramente cambiar algo que le provoca cierta angustia o culpa, y que quizás es parte de una inmadurez inconsciente, o mejor dicho, que es su propio inconsciente quien lo hace tropezar y volver nuevamente a cometer errores que luego le generan lo antes mencionado. Entonces, entiendo que la madurez de una persona, en parte, se relaciona con entender su inconsciente. También creo que es un estado, en donde el ser humano una vez que acepta que comete dichos errores, se propone, con ayuda si lo desea, tiempo y voluntad, a buscar aquellos recuerdos vividos que se relacionen con esos errores y así aprender que debe repensar las decisiones que va a tomar, ya que no siempre le va a traer bienestar actuar impulsivamente ni tampoco idealizar previamente, del primero puede venir el arrepentimiento y del segundo, la frustración. Un ser humano está claro no solo madura por sus actos y por todo lo mencionado, sino también por sus deseos, hacia él y hacia los demás, sumado a esto como importante, su plena sinceridad.

Lo que por último es triste e injusto mencionar, es que existen niños/as que, por diferentes causas, pero que todas llevan a una misma consecuencia, ven interrumpida su infancia y no les queda otra opción que madurar a la fuerza y ocupar el lugar de un adulto como si lo fueran, perdiendo así, el derecho quizás más importante de todos, el de una infancia digna y de juegos para desarrollar su imaginación y capacidad cognitiva.

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