Qué dice la calle… Sábado 11 de Febrero

Carnaval de mi barrio

Canción de Edgardo Donato y Luis Rubistein

Mi barrio está de fiesta con su mejor sonrisa
Y una ternura extraña me invade el corazón
Parece que las horas corriesen más deprisa
Y que del mismo barro brotase una canción
La murga de purretes, desafinando un tango
Machuca los oídos con destemplada voz
Gorriones de mi barrio que vuelcan en el fango
Puñados de alegría que les regala Dios
Carnaval de mi barrio
Donde todo es amor
Cascabeles de risas
Matizando el dolor
Carnaval de mi barrio
Pedacito de sol
Con nostalgias de luna
Y canción de farol…
Fuente: Musixmatch

La frase de hoy: “El carnaval, antes y ahora, quiere traer un aire fresco de alegría”.

Todos los años se desata una saludable competencia entre distintas ciudades para organizar desfiles y bailes en el marco de los tradicionales corsos. Hay que aceptar que Bragado no tiene, por ahora, fama de ciudad donde el canaval decida llegar cada año e ir creciendo.

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Hubo desfiles organizados en distintos sectores de la ciudad. Algunas veces en el centro; también en torno a la plaza de la estación con posterior gran baile en el club Porteño. Comodoro Py tuvo en gran auge por “organizar el mejor corso” y lo mismo ha pasado en Mechita, lugar donde también el dios Momo pareció adquirir identidad.

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No hay que dejar de citar los organizados en el barrio La Curva, donde por varios años, la humildad de una calle de tierra albergó la alegría general. La Calle recuerda hoy al entusiasmo de “Bocha” Wilson a cargo de la comisión.

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Hay Bragado memoriosos que rescatan los desfiles de atracciones en calle Pellegrini, donde las carrozas preparadas por Andrés Davant, los ingenios de Juan Vila cosechaban la atención general. Poco después en el tiempo, el armado de las carrozas quedó a cargo de Chiaramoni que estableció su lugar de trabajo previo, cerca del cuartel de Bomberos.

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Barba Blanca en sus comienzos animó los desfiles donde, una bandada de chicos, seguía a la orquesta armada sobre un acoplado. Ta vez con la sana intención de poder “colarse” donde el grupo de Lopumo, Irioni y compañía se presentaría después de las 0.30 horas. Una bomba de estruendo anunciaba el final de los juegos con espuma y globos que habían dado su color a la fiesta. Tampoco hay que olvidar algunos excesos que el comisario del corso, montando un caballo zaino, no siempre podía controlar.

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Hubo un tiempo para las murgas que parecieron quedarse y encontrando en los corsos, un lugar que aumentaba la atención sobre cada presentación. “Los ases” se llamó la primera experiencia, orientada por gente que vino de La Plata. Aún mantiene el fervor murguero que expresa, por ejemplo en, “los de siempre”. Ellos son capaces de animarse si se los convoca para amar los corsos en Bragado…

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Es que eso no parece tarea fácil, debido a la multitud de eventos que ofrece Bragado. Antes no eran tan frecuentes. Tanto que la tradición dice que “había gente que solo salía de sus casas para Santa Rosa (el 30 de agosto) y para los carnavales. De hecho, la letra de tango que se publica es de los años 40, cuando la calle Corrientes albergaba a las grandes orquestas del momento que, a veces se decidían y venían a Bragado. En esos casos, con Rodolfo Biaggi, Enrique Mora o José Basso, el corso desplegaba todo su poder de convocatoria

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